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Una Escuela para alzar su voz

miércoles, 17 de junio de 2015  Blog

Érase una vez un niño llamado Edile Chaverra. Edile vivía en una granja muy bonita, en Curbaradó, al norte de Colombia, donde su familia cultivaba una tierra fértil. A Edile le encantaba ayudar a su padre en la granja y poder comer productos frescos. Él y sus hermanos vivían felices en aquel lugar en el que sus padres y sus vecinos trabajaban duro para poder llevar a su familia un plato de comida a la mesa. Este lugar era una zona que el gobierno había asignado a las comunidades rurales de afrodescendientes. La familia de Edile vivió allí durante muchos años, pero una noche cuando Edile era muy pequeño, un grupo de personas armadas entró en su casa disparando. Una de las balas alcanzó a su padre y murió. El resto de la familia huyó atemorizada.

Desafortunadamente, esta historia no es un cuento de ficción, sino una realidad. La violación de derechos humanos contra las comunidades de afro descendientes de Curvaradó se ha ido repitiendo desde 1997. Este fue el año en el que las fuerzas de seguridad, bajo la operación “Septiembre Negro”, causaron el desplazamiento masivo de más de 4.000 personas que vivían en los pueblos de la zona y que fueron obligados a abandonar su tierra y su hogar.

Con el pretexto de limpiar la región de guerrilleros, grupos militares y paramilitares echaron a los granjeros del lugar, situación que aprovecharon los despiadados productores de banana y aceite de palma a gran escala para comprar esa tierra fértil por debajo de su valor de mercado, ya que en ella ya no vivía nadie.

“Nos echaron de nuestras tierras por el aceite de palma. La sangre de nuestros amigos y nuestros hermanos y hermanas son el fertilizante de esas palmas. La guerra es contra los agricultores, nos sacaron de allí para cultivar palma y plátanos. Ellos dicen que soy una guerrillera, pero he tenido 8 hijos y 41 nietos, ¿cree usted que tengo tiempo para hacer la guerra?” Ligia María Chaverra, la abuela de Edile, es una de las líderes más respetadas y reconocidas de la comunidad afro-descendiente de Curvaradó.

Las tierras de estas comunidades fueron a parar a manos de poderosos terratenientes que hoy en día siguen operando allí con total impunidad. El resultado de esta ocupación ilegal es que familias como la de Edile han perdido su derecho sobre los recursos naturales de esa tierra, y con ellos su identidad como grupo étnico, su autonomía, y posibilidad de autogobierno, y los han condenado a la pobreza.

Edile salió de su casa con su abuela y sus hermanos, y juntos estuvieron vagando mucho tiempo, buscando un nuevo lugar donde vivir. La abuela de Edile, Ligia Chaverra, consiguió juntar a otros líderes de la comunidad de Curvaradó y crear una zona humanitaria para protegerse de las amenazas de los grupos armados. Actualmente, las familias de la comunidad de Curvaradó están protegidas por medidas provisionales bajo la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Con la ayuda de InspirAction y nuestra contraparte en el terreno Justicia y Paz, Ligia habló en la Corte Interamericana de Derechos Humanos en nombre de su pueblo y sigue luchando incansablemente para que puedan tener su tierra y vivir en paz.

En esta zona humanitaria llamada Las Camelias que las familias de Curbaradó crearon no se permiten las armas ni la violencia de ningún tipo. Edile es feliz en este lugar, y está orgulloso de su comunidad que aunque pobre, trabaja todos los días por salir adelante. Allí vive Eustaquio, que antes de llegar a Las Camelias se ganaba la vida decentemente y podía alimentar a su familia. Cuando le quitaron su tierra su vida se llenó de miedos. Ahora su familia vive protegida y alejada de las armas y la violencia.

“No quiero volver a ver gente muerta en el río. No quiero tener miedo nunca más. Nuestros hijos se merecen algo mejor”, nos contaba Eustaquio.

Duver, su hijo, recuerda como la familia huyó de su hogar cuando él tenía tan solo 4 años porque la violencia en su vecindario era cada vez mayor. “Vimos mucha gente morir. Incluso ahora, después de tanto tiempo, cuando escucho un helicóptero me siento aterrorizado”. Ahora Duver forma parte de un grupo de jóvenes que organizan eventos para la comunidad en Las Camelias para continuar la lucha por la paz que comenzaron sus padres.

Desde InspirAction y con Justicia y Paz, estamos ayudando a estas familias a protegerse de la violencia, a vivir sin miedo, las asesoramos sobre cómo reclamar derechos legales y duraderos sobre sus tierras basándonos en leyes del país que garantizan la protección de los derechos de las comunidades pobres, indígenas o desplazadas en toda Colombia.

Hasta ahora la voz de los pobres y los indígenas se perdía en favor de la de los más ricos y poderosos. Género, etnia y clase social están en el centro de los problemas de estas comunidades. Pero creemos que educando a los niños y jóvenes que viven en la zona de paz de Las Camelias podremos conseguir que alcen su voz para que todo el mundo oiga fuerte y claro que tienen derechos y que nadie nunca más se los va a poder arrebatar.

Queremos construir #UnaEscuelaParaEdile y conseguir así reducir la desigualdad estructural y de género y ayudar a Colombia a que sea un país más inclusivo, donde ni la raza, ni la clase social, ni la ethnia, ni la religión, ni el género sean una barrera para el desarrollo y la vida de las personas.

Esto solo lo podemos conseguir con la ayuda de todos, por eso hemos lanzado una campaña de Crowdfunding en #Migranodearena. Tenemos que alcanzar 2.000 euros para poder construir la escuela y ponerla en funcionamiento. Necesitamos urgentemente tu apoyo. ¿Nos Ayudas? Dona aquí --> http://ow.ly/OdKPl ¡Mil Gracias! 


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