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¿Quién quiere unos OMD 2.0?

miércoles, 25 de septiembre de 2013  Blog     Objetivos de Desarrollo del Milenio, Objetivos de Desarrollo Sostenibles
El 25 de septiembre de 2013 la Asamblea General de Naciones Unidas acogerá a los líderes mundiales se en Nueva York para dirigir su atención, al menos por un día, a cuestiones como la erradicación de la Pobreza o el Desarrollo Sostenible. Es posible que para muchos (y con razón) las Asambleas de Naciones Unidas hayan acabado relacionándose con palabras como inercia, inactividad o estancamiento. Lo que se creó como un foro para la promoción de la paz, el diálogo y la cooperación ha resultado en muchos casos una decepción. Sin embargo, en un mundo globalizado donde temas como la justicia fiscal y el cambio climático nos mantienen interconectados, el multilateralismo y la visión global son más necesarios que nunca y debemos insistir en su efectividad. El período de los Objetivos de Desarrollo de Milenio, que han intentado ser la hoja de ruta internacional en la lucha contra la pobreza durante los últimos 10 años está llegando a su fin: 2015. De ellos aplaudimos la voluntad para intentar luchar contra la pobreza y alcanzar algunos logros en la erradicación de la pobreza pero sin duda, necesitamos emprender un nuevo camino. Esta reunión del 25 de septiembre en la que Naciones Unidas debatirá sobre cómo trabajaremos para marcarnos unos nuevos objetivos, es un hito importante para el debate y trabajo de los próximos dos años. No debemos caer en el error de crear unos “ODM 2.0” que de nuevo ignoren los temas más espinosos y que en lugar de un nuevo marco basado en los derechos humanos, la igualdad y la sostenibilidad, sean un conjunto de objetivos que siguen sin tener en cuenta las causas estructurales de la pobreza y la desigualdad. También necesitamos que las agendas confluyan y sean coherentes con otros procesos enfocados a la sostenibilidad y la lucha contra la pobreza como los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Igualmente la lucha contra la pobreza necesita financiación y la excusa de la crisis no puede cegarnos ante la evidencia de que vivimos en un mundo cada vez más rico pero en el que la riqueza está muy concentrada en unas pocas manos. Solo en los paraísos fiscales ya hay unos 21 billones de dólares escondidos. Más que suficiente para acabar con el hambre. Durante el año pasado, Naciones Unidas supervisó una de las mayores consultas globales de la historia: la participación de un millón de personas de todo el mundo en un debate sobre la erradicación de la pobreza. La consulta no ha sido perfecta pero al menos ha sido el reflejo del deseo de hacer las cosas de otra manera intentando fomentar la participación. 88 países y cerca de un millón de personas han participado en la encuesta Mi Mundo cuyos resultados señalan temas como la salud, la educación, la gobernabilidad y unas mejores oportunidades de empleo como clave para trabajar por un mejor futuro. Este debe ser uno de nuestros puntos de partida. Nos quedan dos años para definir los nuevos objetivos y las formas de llegar a ellos y esperamos que en esta reunión del 25 de septiembre la Asamblea General de Naciones Unidas sea capaz de establecer un proceso claro y que invite a los Estados miembro a pensar activamente sobre cómo involucrar a la sociedad civil en su pensamiento y en las negociaciones futuras. La lucha contra la pobreza debe partir de una agenda creada desde todos y para todos y donde la rendición de cuentas esté definida más allá de la “buena voluntad”.

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