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Que Nepal no sea Haití

viernes, 8 de mayo de 2015  Blog     Ayuda Humanitaria, Catástrofes naturales
[caption id="attachment_4340" align="aligncenter" width="300" caption="Port-au-Prince ©InspirAction/ Sarah Wilson"][/caption]

Las imágenes del terremoto en Nepal han traído recuerdos  amargos de hace 5 años a algunos de nuestros compañeros de InspirAction, cuando su oficina en la capital de Haití, Port-au-Prince, se derrumbó como consecuencia de un seísmo devastador de magnitud 7,0.

“Nunca olvidaré el polvo, la oscuridad y la desesperación que sentí cuando pase dos horas atrapado en las ruinas de la sede de InspirAction en Haití. Para los afectados por el terremoto en Nepal, no tengo nada más que la compasión y la empatía. He visto de primera mano la magnitud del dolor y el sufrimiento que provoca un desastre de esa escala”, explicaba Prospery Raymond, responsable de la oficina de InspirAction en Haití.

Para otros muchos expertos en ayuda humanitaria también es inevitable pensar en Haití a la hora de diseñar estrategias de socorro y desarrollo para Nepal. Los dos países están entre los más pobres del mundo y carecen de infraestructuras, recursos y capacidad para hacer frente a una crisis como esta. Son ya muchos los que han pedido a la comunidad internacional que no repita los mismos errores que se cometieron en Haití durante el desastre de enero de 2010.

“Como trabajador de ayuda humanitaria y como haitiano, conozco muy bien los desafíos a los que nos enfrentamos después del terremoto en Haití: problemas en torno a la distribución de los suministros, la afluencia de agencias de ayuda extranjera, el brote de cólera posterior y los innumerables debates sobre que sucedió con los ocho mil millones de euros que prometieron los donantes extranjeros”.

Después del terremoto en Haití cerca de 10.000 organizaciones internacionales invadieron el país lo que dificultó la coordinación con el gobierno local, la población civil y el resto de organizaciones humanitarias. Este fue uno de los mayores obstáculos en los primeros momentos, aun cuando tener en cuenta a las autoridades y la población local es fundamental en cualquier proceso de emergencia. En Haití, las reuniones de coordinación organizadas por la ONU se llevaron a cabo en inglés- en un país de habla francesa y criolla. Esto impidió que muchos haitianos participaran de manera efectiva en el proceso de recuperación. Los haitianos fueron prácticamente excluidos en la toma de decisiones sobre cómo gastar el dinero de los donantes extranjeros.

Las prisas por distribuir los recursos y las ansias de visibilidad de las agencias de cooperación y ONG hicieron que la ayuda se concentra en Port-au-Prince. Muchos pueblos de la periferia de Port-au-Prince no recibieron ni agua ni comida hasta semanas después del terremoto, a pesar de que la población empobrecida, más vulnerable y que necesitaba más ayuda, estaba en estas zonas. Organizaciones locales haitianas insisten en que se priorizó la posibilidad de colocar un logo en vez de en atender a las necesidades reales.

“Nepal no es Haití, y estamos en 2015 y no en 2010. Nepal tiene su propio contexto, su propia cultura. El impacto de cada desastre es diferente. El terremoto de Haití mató a unas 220.000 personas, dejo un millón y medio de desplazados y destruyó 300.000 edificios. La cifra de muertos por el desastre en Nepal es considerablemente menor, pero hay más afectados, ocho millones de personas. Sin embargo, hay algunas lecciones que aprendimos en Haití que podrían ser de mucha utilidad para hacer frente a la emergencia en Nepal”, afirma Raymond.

Los medios, en un principio se centraron en las tareas de rescate, lo que dio la impresión de que un gran número de personas se salvaron gracias a la ayuda externa, cuando en realidad no más de 130 personas fueron rescatadas de entre los escombros por las organizaciones internacionales de búsqueda y rescate. Los haitianos salvaron a más de 5.000 personas, pero esto no fue lo que los medios internacionales reflejaron y además distrajeron la atención de las necesidades reales: refugio, alimentos, agua y medicamentos.

“En lugar de presentar a las agencias de ayuda extranjera como los únicos héroes, los medios de comunicación deberían poner de relieve la solidaridad y el apoyo dado por el pueblo nepalí”, continuó Prospery Raymond.

La información que llegaba a occidente sobre el desastre de Haití hablaba de víctimas pobres, desesperadas e incapaces de manejar la situación frente a la imagen de los actores occidentales organizados y racionales. Para cubrir el terremoto de Nepal, los medios de comunicación deberían resaltar la labor de las organizaciones locales y los grupos de voluntarios que se están formando a lo largo de todo el país. Los nepalís son fuertes, resistentes y capaces de hacer frente a las adversidades, cooperar con ellos en lugar de intentar robarles el protagonismo para promocionar nuestra marca de desarrollo ayudará de forma definitiva a la reconstrucción del país.

“En Haití solo un pequeño porcentaje de los fondos para trabajo de reconstrucción se le dio a las ONG locales. Se estima que menos del 0.6% de los fondos para auxilio fue canalizado a través de manos haitianas. Esto no se debe permitir en Nepal. Los organismos internacionales donantes deben reducir el nivel de los requisitos para la liberación de los fondos de ayuda y garantizar que los contratos se hagan con las empresas locales, no con las empresas internacionales, siempre que sea posible - para que el aprendizaje se mantenga dentro del país”, remarcaba Prospery Raymond, responsable de la oficina de InspirAction en Haití.

[caption id="attachment_4341" align="aligncenter" width="300" caption="Katmandú, Nepal"][/caption]

Se ha criticado mucho la lentitud en la respuesta del gobierno de Nepal, y subestimado el impacto de un desastre de estas características. Prospery Raymond recomienda que las organizaciones no gubernamentales trabajen con el gobierno para asegurar que tengan los sistemas adecuados y coordinar los esfuerzos de manera efectiva, apoyándolos para evitar trampas como la corrupción. Es más fácil puentear a las autoridades locales, pero no contar con ellas supone contribuir a debilitar la administración ya de por sí débil.

Los procesos de reconstrucción son largos y las prisas son el peor enemigo de estos procesos. Es importante responder con rapidez pero también planificar para el futuro. En Haití se dilapidaron más de 500 millones de dólares en viviendas transitorias, de baja calidad y sin servicios básicos, que se han convertido en permanentes para más de 120.000 familias. La reconstrucción puede atajar problemas anteriores de desarrollo pero para esto hay que tener en cuenta que el impacto de esta catástrofe no es el terremoto en sí, sino la situación previa de pobreza que se vive en Nepal. Hondar en las causas de esta vulnerabilidad, abordar cuestiones como la deuda, los programas de ajustes del FMI o los acuerdos comerciales impuestos al país, así como crear estrategias integrales de desarrollo humano, sin duda serán factores clave para abordar la reconstrucción en Nepal y conseguir los mejores resultados.

“Si los últimos cinco años en Haití han demostrado algo, es la importancia de vincular la labor de socorro y rehabilitación inmediata a los objetivos de desarrollo a más largo plazo - los ciudadanos nepaleses deben tener la capacidad de participar en las decisiones sobre su propio desarrollo sostenible. Después de un desastre de esta magnitud, la tarea de la reconstrucción nunca es fácil. Incluso en Haití, el trabajo de reconstrucción continúa: más de 85.000 personas siguen viviendo en campamentos temporales. La recuperación completa toma tiempo, y lo mismo estará pasando en Nepal en un par de años, cuando los fotógrafos, equipos de filmación y las agencias de ayuda se hayan ido”, concluye Prospery Raymond.

Construir un nuevo Nepal está en manos de los nepalíes, depende de la comunidad internacional el que ellos sean los protagonistas de este cambio y que puedan decidir su propio futuro.


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