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¿Llega la Paz a las comunidades afrocolombianas e indígenas?

Por Karen Brock y Kas Sempere lunes, 1 de julio de 2019  Blog
Se cumplen tres años de la firma del Acuerdo de Paz en Colombia. Un acuerdo que ofrecía un marco para poner fin al conflicto violento y comenzar a construir la paz.

Children-running-t300Esta firma ha supuesto cambios para la mayoría de la población colombiana pero ¿Qué ha supuesto para las comunidades afrocolombianas e indígenas? Estas comunidades han sido, sin duda, unas de las grandes víctimas del conflicto. Desde InspirAction y a través de nuestras organizaciones socias les acompañamos durante el conflicto y les acompañamos hoy durante la construcción de paz.

Porque en comunidades como las de los indígenas Wounaan en el Valle del Cauca, sus voces nos dicen que a pesar del acuerdo, la paz todavía no es una realidad para algunas de las personas más marginadas de Colombia.

En este artículo compartimos testimonios de la comunidad sobre la implementación del acuerdo, recogidos por nuestra organización socia CIJP en noviembre de 2018 y marzo de 2019. Testimonios que captan las voces de los afrocolombianos del territorio del río Naya y de los Wounaan de los territorios de los ríos Medio y Bajo San Juan.

Los ríos de la región, que dan acceso al Pacífico a través de la ciudad costera de Buenaventura, han sido durante mucho tiempo rutas importantes para el tráfico de armas y drogas; la coca se cultiva en algunas de las zonas del interior circundantes. Durante décadas, los territorios alrededor de los ríos han sido un campo de batalla, tanto en el conflicto entre el gobierno y sus adversarios armados de la guerrilla, como en las operaciones de grupos paramilitares y narcotraficantes armados. Las compañías mineras corporativas también tienen intereses sustanciales en la región.

CIJP trabaja con las comunidades afrocolombianas e indígenas para ayudarles a defender sus derechos y hoy analiza de forma colectiva cómo están viviendo el acuerdo de paz y qué supone para ellos.

¿El fin del conflicto armado?

Las comunidades Naya están bajo "medidas cautelares" de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Viven en Zonas Humanitarias de Paz con la intención de evitar confrontaciones violentas en las proximidades de la población civil, impidiendo la entrada en sus comunidades de cualquier actor armado, incluido el Ejército.

Sin embargo, desde el acuerdo de paz, estas comunidades han experimentado un aumento en las violaciones de derechos humanos, con diversos grupos armados ocupando áreas que antes del acuerdo de paz estaban controladas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

“Las cosas han cambiado. No podemos recolectar leña, cazar o pescar, debido a la presencia de estos grupos. Muchos líderes han abandonado los territorios para buscar protección en otros lugares. Y la presencia del Ejército Nacional: ¿qué hacen aquí, si tenemos medidas cautelares? Es como decir que la guerra terminó, cuando en realidad sólo está empezando.”
Luisa Mosquera, una líder de la comunidad Naya

¿Resolviendo el problema de las drogas ilícitas?

Marcos Inestroza, líder y educador de la comunidad Naya, describe el "antes y el después" del acuerdo.

"Antes, las FARC dominaban la zona. Cobraban impuestos a las comunidades, y a veces el gobierno también lo hacía. Pero también hubo "fumigaciones" gubernamentales, en las que se fumigaron herbicidas para destruir la coca, pero esto también destruyó los cultivos de alimentos.
Después del acuerdo, se formó una asociación de cultivadores de coca, marihuana y amapola (COCCAM), para trabajar hacia una transición gradual a cultivos legales controlados por la comunidad. El Consejo Comunitario de Naya estuvo de acuerdo con este objetivo. Pero ahora el tráfico de coca está aumentando con la presencia de grupos armados, y los líderes del COCCAM están siendo amenazados y secuestrados.

Positivos y negativos del acuerdo de paz en las comunidades indígenas

Un grupo de Wounaan de las comunidades de San Juan, reflexionando sobre los aspectos positivos y negativos del acuerdo de paz, observó que "algo positivo es que hemos recibido el apoyo de organizaciones, que nos han ayudado a conocer el acuerdo y a exigir nuestros derechos como población indígena discriminada".

"Nos hemos sentido un poco más seguros, pero sólo dentro de nuestras casas y comunidades, no fuera de ellas. Otra cosa muy importante para nosotros es que no hay cultivos ilícitos en nuestro territorio".

"Pero", continuaron, "uno de los aspectos negativos es que nos sentimos inseguros. El Bajo San Juan es frecuentado por grupos armados ilegales que nos hacen sentir inseguros. Los paramilitares y la guerrilla del ELN siguen presentes en nuestro territorio. Esto nos afecta, ya que no podemos caminar para recoger alimentos como antes. Esto es contrario a lo que dice el gobierno, que hay paz en Colombia".

Conectando la extracción de recursos naturales, la autonomía territorial y la paz

Las comunidades de San Juan desde su experiencia como desplazados forzosos durante el conflicto consideran que la extracción de recursos naturales como parte del paradigma de la violencia y la paz es la clave.

“Cuando estuvimos desplazados durante un año nuestros médicos tradicionales no podían hacer su trabajo de protección, porque no estábamos en nuestro territorio. Allí nos dimos cuenta de que no podíamos vivir sin la Madre Tierra, sin nuestro territorio. Estamos atentos a lo que puede ocurrir con los megaproyectos. Sabemos que hay empresas que planean venir a trabajar a nuestro territorio. Necesitamos prepararnos, para que la Madre Tierra no sea atropellada. Si eso sucede, todo estará fuera de armonía. Las chimias, los espíritus reguladores de la Madre Tierra, nuestras medicinas tradicionales: están en peligro por estos megaproyectos".

"Es muy importante mantener nuestra autonomía, nuestra autonomía territorial. Para nosotros, el acuerdo de paz es importante porque tiene que ver con los derechos étnicos y los territorios protegidos, con la verdad y la justicia, con nuestras vidas. Tenemos el deber de exigir su aplicación. Nuestra contribución a la paz es defender nuestro territorio y tener control sobre él".

Rechazando la violencia, construyendo la paz

Acuerdos-de-Paz-t300

Tanto las comunidades afrocolombianas como las indígenas coinciden en la enorme brecha entre la teoría y la práctica del acuerdo de paz y un abrumador rechazo a la violencia.

Yohana López comenta que "todavía es necesario proteger vidas, pero también lo es el fortalecimiento de las capacidades en memoria y justicia, territorio y medio ambiente, democracia y participación".

Este blog se basa en una investigación realizada por Santiago Mera del CIJP, con el apoyo de Pedro Lázaro de InspirAction / Christian Aid Colombia. Karen Brock y Kas Sempere trabajan en el equipo de Investigación, Evidencia y Aprendizaje de Christian Aid y participaron en un estudio llamado Diez Años.