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Independencia en Colombia: 200 años que celebrar

viernes, 23 de julio de 2010  Blog     Derechos Humanos
El martes la república de Colombia estuvo de fiesta: ni más ni menos que 200 años de independencia. Desde el Caribe a los Andes, pasando por las impenetrables selvas del Darién y el desierto de la Guajira, los colombianos tenían algo que celebrar.

Sin embargo, son muchos los habitantes de este bello país que no cuentan las celebraciones por años ni por siglos, sino por días. Para muchos, un día más con vida es razón suficiente para festejar, en un contexto marcado por la violencia y las amenazas. Por eso no dejan de sorprender y admirar gestos como el del sacerdote Javier Giraldo, jesuita, uno de los fundadores de la Comisión Intereclesial Justicia y Paz, organización local con la que colabora estrechamente InspirAction. El padre Javier Giraldo lleva años denunciando la impunidad de los crímenes y asesinatos cometidos por el Ejército Nacional, los paramilitares y la guerrilla en Colombia. Como respuesta a su infatigable compromiso con los derechos humanos ha recibido numerosas amenazas de muerte, que se han recrudecido desde hace unos meses. A pesar de ser consciente del riesgo que corre, Javier decidió hace tiempo renunciar a la protección oficial ofrecida por el Ministerio de Interior y de Justicia. Copio textualmente las razones que enumera, con una lógica y una coherencia aplastante, no exenta de ternura y compromiso con los más vulnerables.
1)      La única razón por la cual mi vida o seguridad pueden estar en riesgo, es la de denunciar violaciones graves de los derechos humanos fundamentales por parte de agentes directos o indirectos del Estado contra personas y comunidades en desprotección, dado que mi trabajo ha estado centrado en este tipo de acompañamiento desde hace varias décadas. No tendría lógica ser protegido por aquellas mismas instituciones que han perpetrado esas violaciones. 2)      Considero que aquellas personas por quienes trabajo, vulneradas en sus derechos humanos más elementales, corren muchísimos más riesgos que yo, y por ello no me sentiría tranquilo si se me protege a mí y no a ellos que son el motivo real de mis riesgos. 3)      No puedo, en conciencia, permitir o tolerar que se compre, se utilice o se justifique el uso de algún arma por mi causa, ni mucho menos que se arme a un ser humano por lo mismo. Estoy convencido de que la dinámica que lleva a armar a unos para defender a otros conduce a una espiral de violencia cada vez mayor, haciendo progresivamente más difícil soluciones civilizadas. 4)      Personalmente no puedo soportar que alguien, por defenderme, hiera o mate a otro ser humano. Si existe un riesgo de muerte, la muerte que me parecería más perturbadora para mi conciencia sería la del que sea eliminado por alguien que busque defenderme, así sea un agresor. 5)      He experimentado en otras personas que han aceptado esquemas de protección de órganos del Estado, que el uso de dichos esquemas aleja progresivamente a quienes más nos necesitan, que son las víctimas, en su mayoría traumatizados por el uso de armas contra ellos mismos o contra sus seres queridos.
Razones y causas que a ojos de muchos le harán parecer un loco, capaz de exponer su vida por cabezonería. A los nuestros, le convierten en un ser humano excepcional, en una persona necesaria, con la bondad, el compromiso y la valentía que un día, creemos, marcarán la diferencia en Colombia. Y harán cambiar las cosas. Para saber más.. Aquí puedes leer la versión completa de la carta dirigida por el Padre Giraldo al ministerio. Conoce la campaña Defensores de Colombia que apoya InspirAction. Consulta nuestra web para saber más sobre nuestro trabajo en Colombia.

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