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Haití: la larga e invisible crisis humanitaria

Por Prospery Raymond lunes, 28 de octubre de 2019  Blog Haití Construyendo Paz Emergencias
Desde hace dos años Haití se enfrenta a una crisis política sin precedentes cuya principal víctima está siendo la población más pobre. Cada día los pobres son más pobres, pero nadie parece ofrecer una solución viable para resolver esta situación de emergencia.

IMG-28041-t500Alrededor del 49% de los 12 millones de personas que viven en Haití se enfrenta a algún tipo de inseguridad alimentaria. Según la Coordinación Nacional para la Seguridad Alimentaria, 2,58 millones de personas se encuentran en situación de emergencia alimentaria.

La corrupción, los desastres y la mala gestión están en el corazón de un problema que nadie parece querer o poder resolver.

El terremoto de Haití de 2010 supuso un punto de inflexión en la vida de las y los haitianos. En ese momento el PIB cayó un 120%. Ni la enorme ayuda extranjera, ni la solidaridad de los sistemas de remesas (principalmente los haitianos que viven en el extranjero han aumentado su compromiso desde $0,9 mil millones en 2009 a $3,4 mil millones en 2018) han sido suficientes.

Desde entonces, la economía no ha parado de desplomarse en un país donde las crisis se suceden una tras otra: la grave epidemia de cólera, huracanes menores e inundaciones, el huracán Matthew que hizo de nuevo descender el PIB un 24%...

La ayuda internacional a Haití es de menos de $1000 millones al año incluyendo el apoyo de las ONG internacionales. Sin embargo, el promedio remesas de los tres últimos años ha sido de unos 3 mil millones/año. Millones de personas dependen diariamente de las transferencias de sus familias para poder comer. La mayoría de la población que vive en zonas rurales se ha visto muy afectada. Algunos decidieron abandonar sus comunidades para vivir en las ciudades, y otros, principalmente los jóvenes, continuaron la emigraron tradicional a República Dominicana, junto con nuevas áreas de éxodo como Chile (más de 115.000 en dos años) y Brasil (más de 50.000 en 4 años). Muchos de ellos se dirigieron a países de América Central en su camino a los Estados Unidos. Según el profesor Serge Jacob, el nivel de falta de producción es de alrededor del 79%, debido a la crisis.

Durante los últimos 18 meses, la oposición ha estado pidiendo al presidente que abandone el poder tras conocerse un gran escándalo de corrupción con fondos de Petrocaribe en el que parece estar involucrado. Varios actores están pidiendo al sistema judicial que aborde este problema, sin embargo, se percibe que el presidente controla el sistema, por lo que el resultado puede no ser legítimo o aceptado.

Miles de manifestantes convocados por la oposición han salido a las calles para bloquear el país paralizando negocios y la vida cotidiana. Haití ha experimentado 5 "bloqueos" principales en los últimos 2 años: (una semana en julio de 2018, 2 semanas en noviembre de 2018, 2 semanas en febrero de 2019, 2 semanas en junio / julio de 2018 y tres semanas en septiembre de 2019). Cuando el país se bloquea son los más vulnerables los que más sufren las consecuencias. Los que se ganan la vida comerciando en las calles a menudo viven en las áreas más afectadas sin lugares seguros para refugiarse, y no pueden permitirse el lujo de almacenar alimentos y agua en sus casas. Al mismo tiempo, hay una grave devaluación del gourde (HTG): la moneda local perdió el 32% de su valor en comparación con el dólar estadounidense, lo que resulta en una disminución de los ingresos fiscales de más del 20% durante los últimos 12 meses y una inflación de alrededor del 19% en los últimos 12 meses. Esto afecta más a los más pobres entre los pobres.

En medio de esta recurrente crisis, muchos actores humanitarios y de desarrollo han continuado brindando servicios básicos a la población, en hospitales, escuelas, apoyo a la producción agrícola, construcción de casas, capacitación a diferentes niveles tanto en áreas urbanas como rurales, pero con muchas dificultades.

Haití está viviendo una gran crisis humanitaria que durará al menos los próximos 3 a 5 años y la comunidad internacional no puede ni debe mirar a otro lado.