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¿Está América Latina preparada para liderar el cambio?

Por Alejandro González martes, 23 de julio de 2019  Blog Sudamerica Centroamerica y Caribe Cambio Climático
Vivimos una lucha contra reloj por mantener la integridad del clima de la Tierra. La ciencia advierte que para ello necesitamos realizar un esfuerzo sin precedentes y muy rápido para erradicar el uso de los combustibles fósiles de nuestras sociedades. Aunque no hemos reaccionado con la suficiente celeridad antes las advertencias de la ciencia, aún nos queda alguna esperanza.

La ciudad de Salvador de Bahía (Brasil), desafiando el negacionismo científico del Gobierno de Bolsonaro, es la sede de la Semana Regional del Clima para América Latina y el Caribe. Del 16 al 23 de agosto el municipio está acogiendo a delegaciones oficiales, instituciones y Estados, activistas por el clima y organizaciones sociales con el objetivo de aumentar las ambiciones necesarias para frenar el cambio climático. Asistirán también algunas entidades financieras, las mismas que tienen la llave económica para permitir la revolución energética.

Semana del Clima en América Latina: primera oportunidad


Arranca así el primero de los grandes eventos internacionales de la región para la segunda mitad del año 2019 y que va a situar a un área tan vulnerable al cambio climático como América Latina en el centro de la atención mundial. Tras la semana del clima de Salvador, vendrán las reuniones preparatorias de Costa Rica en octubre, y en diciembre la conferencia de las partes (COP) de Naciones Unidas en Santiago de Chile. América Latina puede ser este año la región líder para una transición energética justa y es importante que tengamos un mensaje común por el clima: queremos un modelo que no dedique ni un céntimo más a los combustibles fósiles; un modelo que asegure el acceso universal a la energía limpia y garantice el cumplimiento de los Derechos Humanos.

Ni un céntimo más a los combustibles fósiles

Algunos de los bancos multilaterales de desarrollo de todo el mundo siguen financiando proyectos de combustibles fósiles. En el pasado, a través de la campaña Big Shift hemos expuesto las actividades de instituciones como el Banco Mundial, que sigue apoyando económicamente mediante sus inversiones algunos proyectos de plantas térmicas de carbón, el combustible más contaminante e ineficiente del planeta. No es el único: Bancos Multilaterales de Desarrollo de África, Europa y Asia mantienen también buena parte de sus inversiones para la explotación de combustibles fósiles. Únicamente el Banco Interamericano de Desarrollo está extinguiendo el apoyo financiero a las energías sucias para mantener solamente una cartera de proyectos renovables.

Energía renovable sí, pero no a cualquier precio

Pero la transición energética que deben acometer estos bancos no es el único  término de la ecuación. El mundo necesita una rápida transición hacia una energía renovable pero no a cualquier precio. Los sistemas energéticos, además de ayudar a cumplir el Acuerdo de París sobre el clima, deben servir para garantizar el derecho humano a la energía. Una energía que sea también sostenible en todos sus aspectos. Debe ser una energía renovable pero el despliegue de nuevas infraestructuras energéticas debe respetar y salvaguardar la integridad de los ecosistemas y las tierras donde se llevan a cabo estos proyectos. No se pueden volver a repetir los abusos de nuestro pasado en el que ciertos proyectos han provocado la expulsión de cientos de comunidades en todo el mundo. Las grandes hidroeléctricas han provocado la mayor parte de estos desastres sociales y ambientales al inundar grandes extensiones de territorios de comunidades locales. Así, son uno de los mejores ejemplos de que necesitamos una planificación diferente que ponga a las comunidades en el centro de las decisiones.

No es fácil, pero en InspirAction estamos dando pasos para contribuir a la solución. En los países en los que trabajamos, nuestras organizaciones socias han iniciado el camino hacia el acceso a la energía limpia mediante modelos energéticos útiles a pequeña escala que sirven de manera local a las comunidades. En el caso de Bolivia, nuestras organizaciones socias están desarrollando tecnologías sostenibles para crear nuevas formas de cocinar mediante hornos solares. Estas instalaciones no suponen solo un ahorro de energía. Significa también que las mujeres que soportan la carga de la recogida de leña mejoran su calidad de vida. Y significa también que el grave problema de salud que afrontan por respirar el humo de las cocinas de leña o carbón puede desaparecer. Bolivia, Guatemala, Nicaragua o Brasil son solo algunos de los ejemplos donde iniciativas locales de energía solar, microrrepresas o usos sostenibles de la biomasa están sumando más y más comunidades al derecho universal a la energía limpia. En Salvador de Bahía, esperamos convencer a los bancos multilaterales que este es el camino a apoyar.

Difunde con nosotros para impulsar este cambio.