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Es hora de que la ONU ponga la justicia de género en el centro

Por Marianna Leite martes, 9 de julio de 2019  Blog Igualdad de Género
Han pasado cuatro años desde que Berta Cáceres fue asesinada en Honduras. Activista, ambientalista y feminista que fue asesinada por la implacable lucha contra las negativas prácticas corporativas y sus efectos sobre los derechos indígenas, la vida de las mujeres y la degradación ambiental.

Desafortunadamente, su historia no es única. Desde Brasil hasta Zimbabwe, presenciamos tendencias similares. Por ejemplo, en enero pasado, una represa de hierro estalló en la ciudad de Brumadinho, Brasil, matando a casi 300 personas y dejando a miles de familias, en su mayoría lideradas por mujeres, en situación de vulnerabilidad. Dos meses después de la catástrofe, Dilma Ferreira Silva fue asesinada tras haber hablado de las horrendas violaciones de derechos humanos perpetradas por multinacionales que operan represas en Brasil.

Los asesinatos y sus contextos comparten sorprendentes similitudes. Los documentos oficiales filtrados sugieren que la multinacional a cargo de la represa Brumadinho, Vale SA, sabía del riesgo de colapso, pero no hizo nada para evitarlo. El juicio por asesinato de Berta Cáceres estuvo lleno de acusaciones de encubrimiento, lo que indica un nivel de impunidad atroz para la compañía que construye la represa contra la que protestaba en el momento de su muerte. Berta Cáceres murió para salvar un río; Dilma Ferreira Silva fue asesinada por denunciar la muerte de un río.

Las historias de Ferreira y Cáceres resaltan la realidad de que las mujeres y las niñas son las más afectadas por los efectos negativos de las malas prácticas empresariales. Los desequilibrios de poder profundamente arraigados entre los géneros han resultado en un legado de acoso sexual, menos empleos formales para mujeres y niñas que para hombres y niños, y vergonzosas brechas salariales de género. Estas injusticias son defendidas por los sistemas económicos que las rodean.

Beneficios sobre las personas

Algunos de los abusos contra los derechos humanos perpetrados por las empresas transnacionales ponen de relieve cómo el crecimiento económico triunfa sobre todas las demás consideraciones morales. Un ejemplo entre muchos son los bajos salarios y las condiciones inseguras soportadas por las trabajadoras de la confección en Bangladesh, que impulsan los beneficios de las compañías mundiales de ropa.

El lucro y los objetivos de producción capitalistas no deberían servir como base moral ni ética para la sociedad. El sistema capitalista se basa en el individualismo, un rol limitado para el estado y los mercados desregulados. Esto representa un sistema exclusivo para hacer e implementar políticas, administradas por una élite alienada y desconectada. El sistema económico beneficia a esta élite en detrimento de todos los demás, especialmente de aquellos que viven en la pobreza aguda y experimentan una desigualdad extrema. Este tipo de formulación de políticas resulta en una falta de compromiso con las necesidades de las personas, lo que a su vez instiga prácticas y comportamientos discriminatorios.

No estoy sugiriendo que todas las empresas sean "el gran lobo malo". Al contrario. Existen muchas buenas prácticas comerciales que han sido capaces de combatir la discriminación y contribuir a crear prácticas inclusivas. Debemos aprender de estos ejemplos y alinearnos con ellos porque demuestran que es posible hacerlo de otra forma.

El sistema económico actual está basado en la desigualdad de género. Las mujeres representan casi la mitad de la fuerza laboral, pero, en promedio, ganan menos que los hombres. Si nos tomamos en serio la lucha contra la desigualdad de género, debemos desafiar y cambiar las estructuras. Hay muchas personas defensoras de los derechos humanos que están resistiendo activamente a las violaciones de las corporaciones por su condición de género. Nosotros también debemos tener un papel activo en esta lucha.

No podemos ser simples observadores, no podemos quedarnos contemplando un sistema que sistemáticamente discrimina a las mujeres y oprime a los defensores de los derechos humanos. Si no nos enfrentarnos a esta injusticia, nos convertimos en culpables. Por lo tanto, desde InspirAction pedimos a la ONU que considere el género como un aspecto fundamental del borrador del Tratado vinculante sobre las empresas y los derechos humanos.

Guía de género de la ONU sobre empresas y derechos humanos: un llamado a una acción más profunda

En 2017, las Naciones Unidas lanzaron una consulta sobre cómo aplicar la perspectiva de género a los Principios Rectores de las Naciones Unidas sobre Empresas y Derechos Humanos. La convocatoria tenía el objetivo de desarrollar una guía para dar recomendaciones prácticas a los estados y corporaciones sobre lo que significa proteger, respetar y enmendar los derechos de las mujeres en un contexto empresarial. También pretendía crear vínculos entre las personas que trabajan en este campo para explorar formas de empoderar a las mujeres que están en riesgo o que han sido afectadas negativamente por los abusos a los derechos humanos relacionados con las empresas.

Naciones Unidas debe implementar los mecanismos necesarios para que en su Marco de trabajo sobre Empresas y Derechos Humanos se tengan en consideración y palíen impactos negativos y diferenciados de las empresas en los derechos de las mujeres y otros géneros marginados.

Desde julio de 2018, muchas organizaciones de la sociedad civil, agencias multilaterales y otras partes interesadas han estado negociando el borrador de un Tratado legalmente vinculante sobre empresas y derechos humanos. Es imprescindible que el Grupo de Trabajo de la ONU y el Consejo de Derechos Humanos tenga en consideración la perspectiva de género como un camino hacia un tratado integral legalmente vinculante, que abordaría la necesidad de un enfoque sensible al género para remediar las violaciones de los derechos humanos. Por lo tanto, junto a la publicación de este informe hacemos un llamamiento a todos los estados nacionales, a todos los actores del sector privado, a todas las ONG y a todas las agencias de las Naciones Unidas para que apoyen la creación y ratificación de un Tratado vinculante sobre Empresas y Derechos Humanos con perspectiva de género.

Unámonos y gritemos fuerte y claro a nuestros gobiernos para que todas las "Bertas" y "Dilmas" del mundo puedan luchar libremente por sus derechos sin temor a represalias o asesinatos.

Nuestro nuevo informe de políticas, Generizando Empresas y Derechos Humanos, lanzado hoy, trata de profundizar sobre la nueva orientación de género que está elaborando el Grupo de Trabajo de la ONU sobre Empresas y Derechos Humanos, y su efecto sobre las negociaciones del Tratado vinculante.

Descarga el informe aquí.