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El Zika desenmascara el escándalo de la desigualdad en Brasil

Por Laura Alemán Arteaga miércoles, 2 de marzo de 2016  Blog Brasil     Desigualdad, Salud

La primera emergencia sanitaria internacional declarada por la OMS en 2016 ha sido a causa del virus de Zika. Este virus, transmitido por la picadura de un mosquito que ha tenido hasta ahora un mayor impacto en Colombia y en Brasil,  está poniendo de manifiesto las consecuencias de la desigualdad. La fragilidad del sistema público de salud y la vergonzosa falta de instalaciones sanitarias básicas en Brasil, un país en el que más de la mitad de la población no tiene acceso a un sistema de tratamiento de aguas han provocado su expansión. Una gran parte de la población vive en espacios urbanos precarios, sin tener a su disposición sistemas de gestión de desperdicios, y haciendo frente a grandes dificultades para acceder a agua potable, lo que hace necesario su almacenamiento.

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  “Aunque no se tenga una conclusión científica sobre la relación entre el creciente número de microcefalia en bebés y la expansión del Zika, la microcefalia normalmente es una consecuencia de una mala nutrición, una falta de sistemas de gestión de residuos y otros recursos básicos”, dice Sonia Coelho, de la Organización Feminista SempreViva, contraparte de InspirAction. 

“Hemos mandado un documento a la presidenta Dilma Roussef, poniendo de manifiesto que la expansión del Zika está profundamente ligada a la escasez de instalaciones sanitarias básicas”, ha declarado Romi Benck, de CONIC, también contraparte de InspirAction en Brasil. En línea con esto, la Asociación Brasileña de Salud Pública afirma que los posibles casos de microcefalia ligados al virus del Zika demuestran que los más afectados en este tipo de emergencias sanitarias son las personas pobres. 

 En Brasil, el aumento de ingresos familiares que promovió el anterior gobierno permitió a la gente el acceso a mejores alimentos, a comprar nuevos medios de transporte e incluso casas; pero no mejoró de por sí los servicios públicos. El aumento de estos bienes privados no ha mejorado los problemas estructurales y tampoco evita la expansión de enfermedades como el Zika o el dengue. Por lo tanto, las desigualdades más profundas se han mantenido intactas.

A esto hay que añadirle que las medidas de austeridad que se están poniendo en marcha están impactando directamente sobre el presupuesto público de políticas en principio previstas para mejorar los sistemas de gestión de aguas residuales. Y, por lo tanto, están debilitando las acciones que se tomarían para eliminar el mosquito que transmite el Zika. Se han recortado unos 925 millones de dólares de las inversiones en instalaciones sanitarias, lo que representa un enorme obstáculo para garantizar los derechos básicos sanitarios.

A través del trabajo con nuestras contrapartes en terreno y otros movimientos sociales, trabajamos para exponer el escándalo de la desigualdad, haciendo incidencia en la necesidad de un desarrollo inclusivo y que promueva políticas justas en Brasil.

 

Basado en un artículo de Sarah Roure (Christian Aid)

Foto: James Gothany  


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