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El reconocimiento a una vida en defensa de la justicia social

viernes, 22 de mayo de 2015  Blog     Derechos Humanos

En El Salvador, tendrá lugar la ceremonia de beatificación de Monseñor Oscar Romero, obispo asesinado en 1980 por defender a las personas más pobres ante las injusticias de una sociedad elitista y desigual.

Para el pueblo salvadoreño es un día especial, así nos lo recuerdan las organizaciones socias de InspirAction en El Salvador, ya que Monseñor Romero es llamado “la voz de los sin voz” por su denuncia activa de la situación de pobreza e injusticia en que vivía la población en plenos años 80, en medio de una guerra civil que duró 12 años, contó con más de 70.000 muertos y 8.000 personas desaparecidas. El 24 de marzo de 1980 Oscar Romero fue asesinado por quienes él denunciaba con fuerza desde su puesto en el obispado de San Salvador. Para Guadalupe Cortés, responsable de programas de InspirAction en El Salvador, “Romero incomodaba a los poderosos en el país y  por eso lo mataron. Y por eso también abrieron fuego contra la gente concentrada pacíficamente frente a Catedral el día de su funeral. Y por eso hoy, esos mismos poderosos tratan de cambiar la historia. Monseñor fue la “Voz de los Sin Voz” y lo seguirá siendo para el pueblo salvadoreño.” Algunos grupos religiosos conservadores, están poniendo el énfasis en la espiritualidad de este evento de beatificación, pero la demanda social de este momento y la sensación en Centroamérica es que se reconoce en la figura de Monseñor Romero a un luchador por la justicia social que cambió su forma acomodada de ver la vida cuando conoció la realidad de los más pobres de su país. Se espera que a la ceremonia de beatificación acudan más de 300.000 personas desde diferentes lugares de la región. Como Monseñor Romero fueron asesinadas muchas personas en esos años de conflicto sólo por defender los derechos humanos y hacer frente al orden establecido. Oscar Romero fue un descubrimiento para mucha gente, en su día, no confiaban en que un arzobispo, fuera a denunciar los privilegios de una clase poderosa que se proclamaba católica. Para Berta Aguirre, colaboradora de Romero durante años y exiliada del país hasta los acuerdos de paz, hoy directora de PROCARES contraparte de InspirAction, “pensé que no era el pastor que nuestro pueblo oprimido necesitaba y muy pronto fui descubriendo que estaba totalmente equivocada. Cada homilía era un clamor de justicia, una denuncia que otros callaban, se volvió la voz de los sin voz. Él en principio era parco, tímido diría yo, pero con una sensibilidad y una humildad inusual para lo que nos tenían acostumbrados una gran parte del clero”. Más allá del reconocimiento religioso, para la ciudadanía salvadoreña es un momento de fiesta, que pone de actualidad a una persona que dio su vida por la defensa de los derechos de quienes más sufrían y luchó por la justicia y la igualdad para todo el pueblo salvadoreño.

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