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El hambre como enfermedad

martes, 22 de julio de 2014  Blog Salud     Hambre, Hambre, Mujeres, Soberanía Alimentaria
“Algunos días tenemos algo para comer, otros días no tenemos nada, como los perros”, dice Dionisio Alberto Recinos cuando se le pregunta qué es para él la pobreza. “No poder mandar a mis hijos a la escuela, la falta de higiene, y la malnutrición, son pobreza. No tener comida para cada día. No tener sal, no tener maíz. Eso es pobreza. Eso nos mata”. En Guatemala el verano no significa vacaciones, descanso o buen tiempo. Entre los meses de abril y agosto existe el mayor riesgo de incremento de la desnutrición severa, que alcanza a un 49.8% de los niños menores de cinco años. El problema es especialmente grave en las remotas y empobrecidas áreas montañosas, donde viven las comunidades indígenas. Y el verano es el periodo más duro, en el que muchos hombres emigran en busca de trabajo estacional en las plantaciones de café de Esquipulas y Honduras; y en el que las familias más pobres sólo comen tortilla de maíz, un alimento bajo en proteínas, vitaminas y minerales.

© Paula Plaza, InspirAction

InspirAction trabaja con el pueblo Chortí en las tierras altas del oriente. Allí vive María Brígida García, que nos habla sobre una niña de la aldea vecina, que está “enferma de hambre”: “Es pequeña y flaca, no es capaz de levantarse o de mantenerse sentada y eso que ya tiene siete años. Hay muchos niños como ella porque no tienen comida”, explica. Bethania, contraparte de InspirAction en Guatemala, está apoyando a más de 180 familias en el corredor seco del país, construyendo bancos de grano, reintroduciendo semillas autóctonas y promoviendo la creación de huertos caseros. “No es nada nuevo”, dice Marlon, trabajador del centro de salud comunitario de Bethania: “lo que hacemos es recuperar los saberes ancestrales sobre  agricultura y alimentación, los conocimientos de los padres y abuelos de los guatemaltecos”. Las semillas de sus antepasados, las plantas nativas de las tierras guatemaltecas, se han ido perdiendo por el abuso de insecticidas.

© Paula Plaza, InspirAction

Los indígenas chortí llaman a estas plantas “las plantas milagrosas”, porque además de tener un alto valor nutritivo, son medicinales. “Por ejemplo, la hierbamora es buena contra la anemia y ayuda a bajar la fiebre”, explica María Brígida, que aprendió a usar estas hierbas en uno de los talleres de Bethania. Gracias a estas plantas “milagrosas” los guatemaltecos ya no comen sólo tortilla de maíz, sino que conocen catorce recetas distintas en las que usar las plantas, como zumos, fajitas o huevos revueltos. Pero el “milagro” de las plantas y semillas va más allá: no sólo está mejorando los hábitos alimenticios de los guatemaltecos, sino que está dando confianza y seguridad en sí mismas a las mujeres chortí, que tienen los conocimientos y las habilidades necesarias para impedir que sus hijos contraigan esa “enfermedad” mortal y devastadora que llaman hambre.

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