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El desconocido gran juicio final.

Por Wei-Hui Cui Chen lunes, 17 de julio de 2017  Blog Cambio Climático Derechos Humanos
Genocidio, crímenes de guerra, de lesa humanidad, de agresión y… Ecocidio.
El 17 de julio se celebra el Día de la Justicia Internacional, con el fin de denunciar aquellos crímenes y violaciones contra el Derecho Internacional que no reciben respuesta a escala nacional. ¿Ocurre en la vida real?

2017-07-17-JuicioFinaEl “agente naranja”  fue el defoliante utilizado por Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam hace más de 40 años para impedir que los guerrilleros norvietnamitas se escondieran en la jungla, millones de litros destruyeron la foresta en apenas 24 horas. Pero las consecuencias fueron más allá de provocar la destrucción total de los suelos y del ecosistema de la zona.

Durante el paso del tiempo y de la posguerra hasta hoy en día se ha observado un aumento en enfermedades inusuales y malformaciones en los recién nacidos como resultado de la dioxina proveniente del herbicida que ha afectado y afecta de manera muy agresiva al ADN.

De este modo, Vietnam querelló contra las empresas químicas (Monsanto y Dow Chemicals entre ellas) pero no consiguieron nada, ni de las productoras ni del gobierno. ¿Por qué no? Porque en la guerra todo vale y, a pesar de los descubrimientos y estudios científicos posteriores, el caso se cerró.

Contra la impunidad, ¿Justicia Universal?

Y eso creíamos, que nunca se podría hacer nada en contra de personajes como Pinochet, hasta que en 1998 el juez Baltasar Garzón emitió una orden de extradición a Londres (ubicado en la capital cosmopolita por razones médicas) para juzgarle por los crímenes cometidos de lesa humanidad.

En ese mismo año se creó la Corte Penal Internacional (encargada de enjuiciar los crímenes de genocidio, lesa humanidad, de guerra o agresión), por lo que comenzamos a creer que ningún delito cometido quedaría impune, independientemente del poder político o económico del criminal, que si no se juzga en nuestros países, existe un Tribunal superior que se hará cargo de ello, que habrá justicia.

Pero a pesar de que la CPI no está cumpliendo con las expectativas, sería injusto decir que no sirve para nada. Su función más básica es la de vigilante, es decir, da un toque de advertencia: si cometes un crimen, te cogeré seas quien seas. Lo que hace que te lo pienses dos veces antes de creer que puedes jugar con las vidas de las personas a tu favor, cualquiera que sea el motivo que te lleve a ello.

¿Y la medioambiental?

En la elaboración del Estatuto de Roma, el que dio vida a la CPI, se estuvo a punto de introducir el ecocidio como el quinto crimen contra la paz, pero los diferentes intereses de los países provocaron que se quedase fuera del tablero.

17-07-17JuicioFinal1Así, el ecocidio ha sido definido como la destrucción extensa del ecosistema o de un territorio en concreto como consecuencia de la acción directa o indirecta de los seres humanos o de la industria. Se trata de una acción que no tiene por qué darse en tiempos de guerra o de conflicto armado, puede tratarse de un conflicto silencioso o incluso ocurrir en “tiempos de paz”.

La industria del aceite de palma, el colapso de las colonias de abejas, el fracking, la represa de Belo Monte, la desforestación en los Cárpatos, Fukushima… Son actos cometidos por la mano del ser humano que han resultado ser o serán desastres irreparables que ponen en peligro la existencia del ser humano y la vida en la tierra.

Por todo ello, queremos recordar que hablamos de rendición de cuentas, de que los responsables de dañar el medio ambiente, ya sean Estados o grandes corporaciones, reconozcan y paguen por sus delitos.

Bien es cierto que la CPI amplió su enfoque clásico de los delitos de lesa humanidad hacia aquellos con un grave impacto económico o medioambiental:

 “El impacto de los crímenes puede evaluarse a la luz de, entre otras cosas, el aumento de la vulnerabilidad de las víctimas, el terror causado en consecuencia, o el daño social, económico o medioambiental causado a las comunidades afectadas”.

Pero no nos vale, puesto que la destrucción del medio ambiente no es suficiente para llevar el caso al Tribunal. El ecocidio es un crimen en sí mismo, y aunque la Corte no pueda sentenciar a empresas, el conocimiento de las malas prácticas puede derivar en un juicio moral popular a nivel global, causando mucho más daño que una sentencia de “a pagar”.

17-07-17JuicioFinal-t300Desde InspirAction, pedimos que se persiga a los responsables que tienen como objetivo o como consecuencia la destrucción del medio ambiente. Que se reconozca como un crimen contra nuestra integridad incluyéndolo en el Estatuto de Roma.

Que las personas puedan sentirse protegidas y escuchadas si no es a nivel nacional, a uno global, y que los responsables de estas acciones se sientan vigilados y amenazados.

No queremos escuchar un “no lo sabía” o “en tiempos de guerra todo vale”.

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