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Chocó (Colombia): Lo que esconde el aceite

lunes, 20 de abril de 2009  Blog
Entre 1996 y 1997 una ola de violencia cayó sobre El Chocó, una región selvática en las costas del Pacifico colombiano: asesinatos de líderes comunitarios, activistas ambientales y defensores de los derechos humanos, masacres de campesinos, operaciones especiales del ejército y proliferación de grupos paramilitares. Las operaciones militares se justificaban en sospechas de colaboración con la guerrilla; los ataques de los paramilitares no se molestaban en dar explicaciones: aparecían de noche, atacaban a la comunidad y los echaban de sus casas, matando a cualquiera que intentara resistirse. Casi 20,000 personas tuvieron que abandonar sus pueblos y unirse al creciente éxodo de los desplazados en Colombia.
A principio no estaba claro el por qué de este ensañamiento con las gentes del Pacifico colombiano, en su mayoría comunidades campesinas afrocolombianas o mestizas que obtuvieron su titulo en las reformas de 1991 y grupos indígenas que llevan allí toda la vida. Se hablaba del tráfico de droga, o quizás interferían con entrada de las armas que paga la droga.
Inspiraction ayudo a algunas de estas comunidades a recuperar sus tierras y a reinstalarse. Durante la batalla legal, descubrieron que buena parte de sus tierras (hasta el 95%) se habían convertido en propiedad legal de grandes empresas agrícolas y, cuando volvieron, vieron que sus pueblos habían sido transformados en plantaciones de palma de aceite: casas, campos de cultivo, a veces hasta los cementerios habían sido arrasados y plantados con palma.
Poco a poco, la verdad salio a la luz: esa gente había sido desplazada para dar paso a plantaciones de palma de aceite. Las operaciones militares habían sido operaciones de limpieza sin mucho que ver con la guerrilla o el narcotráfico. Los antiguos lideres paramilitares eran ahora terratenientes con prósperos negocios basados en la exportación del aceite de palma. El gobierno hablaba de “planes de desarrollo rural” y “gran oportunidad económica” y las inversiones extranjeras no dejaban de llegar.
La palma de aceite esta detrás de muchas situaciones de injusticia en varios países tropicales: violencia y desplazamientos en Colombia, desastres naturales en Honduras y destrucción de la selva tropical en Indonesia. El aceite de palma se usa ahora en la industria cosmética y la alimentaria, pero las grandes corporaciones tienen puestas sus esperanzas –y sus inversiones- en los enormes beneficios potenciales de su uso para sustituir a la gasolina.
Curiosamente, todos los países tienen algo en común: grandes espacios de bosque virgen en manos de grupos étnicos minoritarios y una historia de violencia y una economía desregulada de acuerdo con las recetas  del Banco Mundial y su primo el Fondo Monetario Internacional que, en los años 90, ayudaron a desmantelar los servicios públicos de muchos países en desarrollo, abriendo a la fuerza los mercados nacionales y redujeron drásticamente los derechos laborales y el papel de los sindicatos en muchos países del mundo.
En esas reformas no había sitio para comunidades campesinas libres, pueblos indígenas, sindicatos ni selva virgen. Estas comunidades necesitan de ayuda exterior para que sean expulsados en el próximo brote de violencia, debido a un “plan especial de desarrollo” o la construcción de alguna carretera de esas que, desgraciadamente, solo puede pasar exactamente por en medio de sus aldeas. Si queremos ayudar a los campesinos del Choco a mantener su dignidad y seguir protegiendo la Naturaleza, tenemos que ayudarles a reconstruir sus comunidades y asegurarnos de que su voz y sus derechos no son neutralizados, con pistolas o con otros medios mas discretos.
Quieres ayudarles de manera directa? Haz una donación para que podamos seguir trabajando en estas comunidades.

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