Archivo para October, 2011

Isabel Ortigosa | October 26th, 2011

Muchos días me sorprendo pensando lo bien que me siento a pesar de haber tenido una enfermedad tan limitante durante casi la mitad de mi vida. En pocos meses voy a celebrar mi cumpleaños número 50, un hito que nunca pensé alcanzar. 2011 marca también 30 años desde que se diagnosticó el primer caso de SIDA en Los Angeles, California. Han pasado muchas cosas desde entonces, y es un buen momento para hacer algo de reflexión. Yo voy a comenzar por compartir mi historia personal.

En 1988, cuando vivía en EEUU, solicité un trabajo en prácticas relacionado con la salud, para el que me obligaron a hacerme unas pruebas de sangre. Un par de semanas más tarde me dijeron que mi prueba de VIH había resultado positiva. Tenía 27 años.

Decir que quedé sorprendida con este diagnóstico sería un eufemismo. Me lo dijeron de una forma devastadora. Estaba sentada en una habitación pequeña, en la clínica y, antes de que el asesor de salud ni siquiera se sentara, me dijo sin rodeos  “Me temo que su prueba de VIH ha dado positivo.” Nada más. Tal vez esperaba que le respondiera de alguna manera, pero lo único que podía hacer era mirarlo. No recuerdo mucho de la conversación que tuvimos después. Durante las siguientes semanas, estuve totalmente desorientada, tratando de entender lo que me pasaba. Durante la década de los 80, el mensaje era que si eras seropositivo morirías de una forma horrible. Algunas iglesias, incluso predicaban que el VIH era un castigo de Dios, de modo que los pecadores merecían lo que tenían. Mi idea era que caería muerta cualquier día, más pronto que tarde.

Ni mis amigos ni mi familia eran conscientes de lo que estaba pasando. Me daba mucho miedo ser juzgada y no quería preocuparles. A quien sí tuve que decírselo fue al chico con el que salía en ese momento. Reuní fuerzas y le dije que tenía que hacerse las pruebas. No se tomó la noticia muy bien… No porque estuviera preocupado por mí, sino más bien porque estaba seguro de que yo le había contagiado el virus. Afortunadamente, el examen resultó negativo. Pero nuestra relación de pareja no sobrevivió.

Seis años después de mi diagnóstico inicial, me sentía muy aislada y estresada, al borde de la depresión. Tuve muy poco apoyo emocional, sobre todo porque estaba aterrorizada y no quería que nadie se enterase, lo que me aislaba aún más. Durante este período, perdí a mis padres, por cáncer, y a uno de mis hermanos, como consecuencia de una enfermedad relacionada con el VIH.

Sin embargo, y a diferencia de muchas otras personas seropositivas en aquella época, yo estaba recibiendo uno de los primeros tratamientos contra el VIH. Recuerdo que perdí el apetito y me quedé muy delgada, y que mi piel quedó de un color ceniciento.

En 1994, agotada y con la sensación de no merecía la pena vivir, volví a mi país, Uganda, con la esperanza de una muerte rápida e indolora. Una vez allí tuve que revelar mi condición a mi hermana menor. Por suerte me apoyó y me dijo que ya conocía a otras personas a quienes les pasaba lo mismo. Después de seis meses sin recibir tratamiento contraje tuberculosis, seguida de una neumonía que casi hace realidad mi deseo de morir. Con el poco dinero que me quedaba, y gracias a que mi hermana conocía un buen sistema sanitario privado, al final recibí el tratamiento correcto, pero me costó un año entero recuperarme por completo de las infecciones oportunistas.

Por invitación de mi hermano, que vivía en Reino Unido, a finales de 1996 llegué a Londres. Aunque cuando llegué a Reino Unido no tenía intención de quedarme, después de conocer un grupo de apoyo y ver el aspecto saludable las mujeres seropositivas, decidí que quería vivir de nuevo. Empecé a recibir tratamiento antiretroviral.

Después de 23 años viviendo con VIH, nunca me he sentido mejor. La terapia antirretroviral ha reducido el virus en mi cuerpo a niveles no detectables durante más de una década. Lo último que se me ocurriría ahora mismo es ocultar que soy seropositiva. Trabajo para ayudar a mejorar la vida de las personas que viven con VIH y para sensibilizar a la población y evitar nuevos contagios.

2011 marca el 30 aniversario del primer caso diagnosticado de SIDA. Contra todo pronóstico, seguimos luchando. Desde los 80 hemos visto un avance espectacular, pero tan importante como reconocerlo es no olvidar que aún quedan muchos retos. ¡El viaje continúa!

Winnie Ssanyu Sseruma

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Winnie es responsable del programa de VIH de InspirAction. Con motivo del 30 aniversario de los primeros casos de SIDA, InspirAction ha puesto en marcha un concurso de fotografía y está pidiendo al gobierno español un firme compromiso para que la lucha contra el VIH/SIDA sea una prioridad de su agenda.

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Isabel Ortigosa | October 20th, 2011

El personal de CREDHOS (Corporación Regional para la defensa de los Derechos humanos) llegó a casa a avisarnos: agentes del CTI habían llegado a la oficina con una orden de captura y habían detenido a David. Era el 14 de septiembre de 2010, pasado el mediodía. Desde que salió por la puerta de CREDHOS, en Barrancabermeja se extendió el rumor: “David ha sido detenido”, un gran número de personas se agolparon en las puertas de la fiscalía tratando de entender qué pasaba: por qué este defensor de derechos humanos, superviviente del genocidio de la Unión Patriótica, líder y referente del movimiento social del Magdalena Medio, estaba detenido. Muchos fueron a despedirle al aeropuerto Yarigüies, entre gritos y vítores que declaraban su inocencia.

David Ravelo, defensor de derechos humanos y líder de la organización CREDHOS, está acusado de ser autor intelectual del homicidio el 5 de abril de 1991 de David Nuñez Cala, ex concejal de obras públicas de la ciudad de Barrancabermeja. Le acusan de haberse reunido con miembros de las FARC y de haber decidido junto a ellos el asesinato del dirigente político. Pero los testimonios de los paramilitares desmovilizados que lo señalan y a los que él había denunciado anteriormente, están llenos de incongruencias, en un proceso que según las denuncias de diferentes organizaciones, resulta cuanto menos irregular.

Brigadas Internacionales de Paz (PBI), organización con la que  colabora InspirAction en Colombia, pudo entrar a visitarle en la cárcel de la Picota unos días después de que fuese detenido. David nos recibió con una gran sonrisa, la misma que nos regalaba cuando pasaba por la casa a charlar y tomar su tinto sin azúcar. Si no fuera por las rejas que estaban detrás de nosotros, si sólo fuera por su fortaleza y ánimo, parecería que nada había pasado. En medio del desconcierto y de la frustración, David volvió a darnos una lección de entereza: “soy inocente y aunque tenga que demostrarlo desde la cárcel lo voy hacer, porque la verdad nos hará libres”.

En diciembre se cerró la fase de investigación del caso a pesar de que según su abogado (Alirio Uribe, del colectivo de abogados CCAJAR que también apoya InspirAction) no se habían efectuado muchas de las pruebas y testimonios solicitados por la defensa, ni tampoco muchos de los que la propia fiscalía dijo que iba a realizar. Después de varias apelaciones y recursos, todos rechazados, se llegó a la audiencia preparatoria en la que se decidieron qué pruebas se admitían para el proceso.

Mientras, David seguía encarcelado primero en la cárcel de la Picota en Bogotá y posteriormente en la Modelo de Bucaramanga, donde tiene como vecinos a los paramilitares que le acusan y a otros políticos de la región encarcelados por las denuncias que él y CREDHOS hicieron contra ellos. Visita tras visita entre tintos, risas, preocupaciones, dudas y alegrías, David compartió con cada uno de los brigadistas de PBI su día a día, sus impresiones y sus esperanzas, a veces con más ánimo, otras con menos, pero siempre con la claridad de que iba a salir libre y sin cargos, como ya sucedió en 1995 después de pasar 27 meses en prisión.

Pero ¿qué hacer mientras? Si hay algo que caracteriza a David es su compromiso inquebrantable con la defensa de los derechos humanos. Son más de 30 años los que David ha dedicado a esta labor y ni si quiera las rejas han podido impedir que siga luchando por y para ellos. Detrás de los barrotes hay muchas historias: políticos vinculados con paramilitares, con guerrilla, acusados de todo tipo de delitos, pero si algo tienen en común es que todos son seres humanos y tienen derechos. Desde el primer día, David se dedicó a escuchar sus historias, a recoger sus denuncias y así, poco a poco, se convirtió también en el líder del comité de derechos humanos de la cárcel de la Picota. Sin condicionarse por quién es quién, para él no hay enemigos ni amigos.

Casi un año después de su detención, el 25 de agosto, comenzó formalmente el proceso y empezaron a celebrarse las audiencias. David logró tener voz, o más bien, consiguió que su voz de nuevo fuera escuchada. Pero esta vez no sólo era para denunciar a quienes cometieron abusos y violaciones de derechos humanos en el Magdalena Medio, sino también para demostrar su inocencia, para demostrar que “el tallo de la verdad se dobla, pero jamás se quiebra”.

Ana Vicente Moreno

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Ana es voluntaria en Colombia de Brigadas Internacionales de Paz. Desde septiembre de 2009 realiza actividades de acompañamiento internacional a defensoras y defensores de derechos humanos amenazados, en su trabajo con comunidades y población víctima de violaciones de derechos humanos.

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Isabel Ortigosa | October 14th, 2011

Desde el terremoto, la atención mundial se ha centrado en la reconstrucción de Haití. Un Haití  para aquellos que ya viven allí. Pero hay miles de haitianos que viven al otro lado de la frontera, en República Dominicana, cuya situación también ha empeorado de manera drástica.
Durante años, las relaciones entre los gobiernos de Haití y la República Dominicana han sido tensas. Mucho antes del terremoto, su desigual desarrollo económico ha implicado flujo constante de trabajadores haitianos que cruzan la frontera en busca de empleo en República Dominicana.

Mientras que la República Dominicana se ha apoyado en estos trabajadores migrantes que aportan mano de obra barata en las cosechas de caña de azúcar y también en la industria de la construcción, algunos políticos han tratado de ganar votos y popularidad a costa de lsu demonización.

No hablamos de nada nuevo, por supuesto. En todo el mundo, los inmigrantes son rutinariamente vilipendiados, humillados y acusados de robar puestos de trabajo locales. Sin embargo, en la República Dominicana, tanto a nivel retórico como real, la discriminación está creciendo a pasos agigantados.

En el período inmediatamente posterior al terremoto, la actitud cambió radicalmente y la República Dominicana fue uno de los primeros estados en ofrecer ayuda, con ambulancias, personal médico y suministros de emergencia. A los haitianos gravemente heridos se les permitió cruzar libremente la frontera para recibir tratamiento médico. Pero ahora, más de 18 meses después, las relaciones entre los dos países han comenzado de nuevo a enfriarse. El mes pasado, José Ricardo Taveras, el director de migración de República Dominicana, se quejó públicamente de la afluencia de inmigrantes de Haití desde el terremoto. Esta primavera, la en la ciudad de Santiago podían verse carteles llamando a los haitianos a regresar a su casa.

No se trata sólo de retórica. Durante los últimos siete años, el gobierno dominicano ha reescrito la constitución y reinterpretado antiguas leyes, eliminando el derecho a la ciudadanía por nacimiento. Desde el 26 de enero de 2010, los ciudadanos deben probar que al menos uno de sus padres es de nacionalidad dominicana, como requisito imprescindible para ser reconocido como dominicano. En otras palabras, si sus padres son indocumentados haitianos que viven en República Dominicana, ya no tienen el derecho a la nacionalidad dominicana, incluso si ha vivido allí toda su vida y nunca ha pisado Haití.

Este nuevo giro burocrático tiene consecuencias muy reales en la vida de multitud de personas. Hablemos por ejemplo de Miledis Juan, que comparte una pequeña casa de dos habitaciones con su esposo y su hijo de un año de edad en el batey Esperanza, un barrio de chabolas a las afueras de la capital, Santo Domingo.

En la actualidad trabaja con una máquina de bordar en una fábrica de la zona de libre comercio. Aunque recientemente Miledis fue a la universidad para convertirse en un maestra y mejorar su situación, el certificado que obtuvo hoy no tiene valor. No puede conseguir un trabajo como maestra porque no puede obtener una copia de su certificado de nacimiento. Miledis tiene un documento nacional de identidad y un certificado de nacimiento, que demuestran que nació en República Dominicana. Pero ahora el gobierno afirma que no son válidas porque sus padres eran haitianos indocumentados.

Miledis también necesita una copia de su certificado de nacimiento para inscribir el nacimiento de su propio hijo. Si el niño no tiene su propio certificado de nacimiento, no se le permitirá el acceso a los servicios de salud, o asistir a la escuela después del octavo grado.

Y las consecuencias de esta nueva ley no terminan aquí: las reglas se aplican con carácter retroactivo a las personas que, al igual que Miledis, ya han obtenido la nacionalidad dominicana, lo que contraviene la Convención Americana de Derechos Humanos de la Organización de Estados Americanos, de la que la República Dominicana es signataria.

Las autoridades dominicanas indican que la gente que pierda sus papeles con la nueva ley debe solicitar la nacionalidad haitiana, a pesar de no hablar creole o de que nunca hayan puesto un pie en Haití. En todo caso, para obtener la nacionalidad haitiana deben haber vivido en este país por lo menos durante cinco años. Esto significa que miles de personas de origen haitiano que viven en República Dominicana son ahora apátridas. La situación, cuanto menos, es injusta y poco práctica, por no hablar de su ilegalidad con respecto a las leyes básicas de protección de los derechos humanos.

Prospery Raimond en Responsable de InspirAction en Haití.

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Isabel Ortigosa | October 11th, 2011

El pasado domingo se celebraba en Madrid el día de la movilización contra la pobreza. La tradicional manifestación fue sustituida este año por un encuentro festivo de iniciativas y experiencias de ONG en la plaza del museo Reina Sofía. Teatro, performance, debate… En una mañana de encuentro e intercambio solidario.

InspirAction, cómo no, estuvo allí. Esta vez, con un divertido acto de calle en el que dimos a conocer la campaña No a los paraísos fiscales y nuestra nueva iniciativa, la “Peluquería del G20”. Con La Peluquería del G20, InspirAction trata de llamar la atención sobre la necesidad de, ante la crisis, no recortar derechos sociales, sino los sistemas que permiten que grandes fortunas y multinacionales eviten pagar impuestos que les corresponden. Eliminar el secretismo de los paraísos fiscales haría que la evasión de impuestos fuera mucho más complicada y permitiría a los gobiernos de los países más pobres calcular cuánto están perdiendo por los ingresos fiscales que nunca llegan a obtener, tomando así las medidas oportunas.

En LAPELUQUERIADELG20.com los ciudadanos pueden elegir qué líder mundial les corta el pelo. Si quieren recortar algo… ¡Que nos recorten el pelo! Basta con subir una foto para que presidentes como Sarkozy, Angela Merkel o Zapatero les hagan un nuevo look que puede ser compartido en las redes sociales con sus amigos, invitándoles a sumarse a la petición, dirigida al G20, de poner fin al secretismo de los paraísos fiscales.

Porque en InspirAction lo tenemos claro: el G20 puede y debe hacer algo. Es el momento de acabar con el secretismo de los paraísos fiscales.

Puedes ver más fotos del acto de calle aquí.

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