Posts etiquetados ‘pobreza’

Salud García | June 17th, 2014

Desde hace un tiempo la región más fértil de la Tierra, con mayor diversidad y donde se encuentra el pulmón del planeta, está siendo amenazada por la desertificación. Las ansias de maximizar la producción del suelo están llevando a la implantación de enormes extensiones de monocultivos por toda América Latina. Cuando miramos esas infinitas extensiones nos parece ver una tierra llena de vida, pero en realidad lo que vemos es un enorme “desierto verde”.

La técnica de la agricultura extensiva o monocultivo se instala por razones económicas en países que esperan tener grandes beneficios a corto plazo sin pararse a mirar los enormes perjuicios que esto provoca en un plazo más largo. La desertificación y el Cambio climático son dos procesos que se retroalimentan e intensifican estando además ligados al desarrollo de conflictos violentos.

Los gobiernos de Latinoamérica se han dejado seducir por esta práctica desastrosa para el medio ambiente donde especies como la soja, la palma aceitera y el eucalipto conforman hoy gran parte de los paisajes donde antes había bosques tropicales o sabanas. Por poner un ejemplo entre 1987 y 2007 el 14% de las sabanas naturales de Colombia pasaron a convertirse en  áreas cultivadas y pastos exóticos.

Monocultivos de Palma en Colombia

Mientras que la mayor parte de las tierras de todo Latinoamérica se concentra en unas pocas manos, que suelen ser de empresas multinacionales que acumulan cada vez más riqueza, millones de personas son a menudo desplazadas o condenadas a vivir en tierras donde la baja calidad amenaza cada día más su alimentación. Para todas estas personas que dependen directamente de la fertilidad de sus tierras para sobrevivir, tener terrenos donde no crece nada pone en riesgo sus vidas.

Hoy Día Mundial de la desertificación y la sequía queremos recordar a esos 1.500 millones de personas en todo el mundo viven en tierras que están en proceso de degradación.

Desde InspirAction a través de proyectos de conservación del medioambiente y diversificación de cultivos estamos consiguiendo que muchas de estas personas dejen de sufrir las consecuencias de una tierra empobrecida, como es el caso de Abraham. Nuestra contraparte CIPCA entregó a Abraham 50 plantones diferentes que ha combinado con su plantación de cacao y le ha permitido mirar adelante en su futuro. Carmen Quispe y sus 14 vecinas también se han unido para devolver la esperanza a sus vidas, juntas y gracias a la ayuda de nuestra contraparte Soluciones Prácticas han creado un vivero y están luchando por la conservación de especies forestales como la Caoba, la Quinaquina, el Cedro Rojo y el Toco Colorado.

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Montañas de riqueza y pobreza.

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Hugo Coll | August 23rd, 2013

La Convención sobre la Esclavitud fue el primer tratado internacional que en 1927 declaró como ilegal  la esclavitud y promovió los mecanismos internacionales necesarios para perseguir a quienes lo practicaran. Desde entonces, grandes fechas y hechos acontecen a la palabra esclavitud.

Si buscamos el término “esclavitud” en cualquier diccionario, encontraremos definiciones como situación por la cual una persona es propiedad de otra o relación que se establece entre dos individuos y que implica el absoluto dominio de uno hacia otro, dominio que se establece a la fuerza, donde el esclavo pierde su libertad y condición humana.

Pero, ¿es la esclavitud es cosa del pasado? A pesar de los tratados y acuerdos firmados en el pasado y de estar oficialmente prohibida en casi todos los países, nos atrevemos a afirmar que la esclavitud sigue existiendo a gran escala. Seguramente muestra diferentes formatos, y es menos reconocible para la amplia mayoría personas, pero sin duda es igual de opresiva e indigna para los que la padecen.

A día de hoy, seguimos encontrando, sobre todo en muchos países en vías de desarrollo, un elevado porcentaje de la población que trabaja en condiciones insalubres -más de catorce horas al día-, donde las mujeres sufren abusos sexuales durante sus jornadas laborales y/o donde los trabajadores perciben salarios muy por debajo del mínimo establecido. Personas que viven inmersas en un sistema que les impide desarrollar un trabajo propio, libre y digno.

Deberíamos replantearnos ¿Cómo? y ¿Cuánto? hemos evolucionado desde los orígenes de la trata de esclavos cuando la esclavitud estaba supeditada al poder económico y al control extranjero. La verdad es que muy poco. A día de hoy las consecuencias derivadas de las relaciones comerciales entre países ricos y pobres no distan tanto desde entonces. Es lo que algunos expertos internacionales llaman la esclavitud moderna.

Desarrollo agrícola en Ghana

Pero que está situación haya existido, y aún exista, no quiere decir que sea irreversible. El sector privado debe jugar un papel clave en todo este escenario.

Si nos aseguramos de que la gente obtiene el valor justo por su trabajo o por lo que producen, acabaremos con una forma de esclavitud. Es por ejemplo, el caso de los pequeños agricultores de Ghana, que pierden importantes ingresos al no poder acceder a los mercados. La contraparte de InspirAction The Youth Harvest, colabora con la empresa local Esoko para que los pequeños agricultores puedan acceder a información sobre los precios reales de sus productos agrícolas a través de una plataforma de comercio móvil que conecta a compradores y vendedores. Esto está permitiendo que pequeños agricultores tengan capacidad de negociación y acceso al mercado en igualdad de condiciones. Esta igualdad de condiciones les libera de su esclavitud.

La falta de acceso al mercado es parte de la base de la esclavitud moderna. Para favorecer la integración de los más vulnerables en los mercados, debemos asegurarnos de que los sistemas y las estructuras sean los adecuados, estén donde deben estar y apoyen y protejan los cambios. Políticas apropiadas pueden ayudar a prosperar a productores, trabajadores y consumidores pobres a frente a las inseguridades y explotaciones laborales.  En Brasil a través del Movimiento de los Sin Tierra, se ha conseguido defender con éxito políticas gubernamentales para que pequeños agricultores brasileños jueguen un papel central en el desarrollo de la agricultura del país. Gracias a su labor, el gobierno ha establecido que el 30% de todas las compras estatales para escuelas, orfanatos, prisiones y hospitales deben venir de pequeños agricultores del país.

Sin duda hoy podemos celebrar que la esclavitud fuera abolida pero no podemos olvidar que aún nos queda una larga batalla para asegurarnos de que nadie en el mundo vive bajo el dominio de otra persona o situación de desigualdad que provoca su pérdida de libertad y condición humana.

Feliz Día Internacional en Recuerdo de la Trata de Esclavos y su Abolición.

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Cristina P. | May 17th, 2013

Podríamos acabar con el escándalo inaceptable del hambre en el mundo ahora mismo si invirtiéramos en desarrollo agrícola los ingresos que los países en desarrollo pierden por evasión de impuestos.

Según una encuesta realizada a más de 1.500 empresas multinacionales en India, Ghana y El Salvador, aquellas con sociedades filiales y/o accionistas en paraísos fiscales pagan en impuestos un promedio del 28,9% menos de lo que deberían. Esa cantidad de dinero roba a los países miles de oportunidades para salir de la pobreza y mejorar la calidad de vida de la población.

En India, esta cifra se eleva al 30,3% lo que significa que aunque el Ingreso Nacional Bruto per cápita se duplicó entre 1995 y 2010, el 41% de su población vive con menos de 1,25 dólares al día.

En Ghana, donde casi el 30 por ciento de los niños menores de cinco años sufre desnutrición, el informe estima que las multinacionales, a través de sus complicadas arquitecturas financieras, provocaron al país una pérdida de 83,6 millones de dólares solo en 2008.

Y en El Salvador, donde el 47,5 por ciento de la población vive en la pobreza, se cree que la evasión fiscal y los incentivos fiscales corporativos cuestan 2.900 millones de dólares al año.

La FAO estima que para conseguir un mundo sin pobreza en 2025 necesitaríamos unos fondos de unos 50.200 millones de dólares al año.

Viendo los ejemplos de India, Ghana y El Salvador no hace falta hacer muchos números. Esta cantidad, es decir, 50.200 millones, y quizá mucho más, podría conseguirse cada año si acabáramos con el secretismo de los paraísos fiscales, la evasión fiscal y las facilidades que algunos gobiernos ofrecen a las multinacionales que operan en los países pobres.

En el año 2000 en la Cumbre del Milenio, y más tarde en 2009 en la Cumbre Mundial sobre Seguridad Alimentaria de la FAO/ONU, los líderes políticos acordaron reducir a la mitad el hambre para el año 2015. A pesar de las promesas, los avances han sido decepcionantes.

Si los países en desarrollo fueran capaces de incrementar sus ingresos fiscales y hacer un uso eficaz de los recursos financieros disponibles, la pobreza y el hambre podrían ser erradicadas. Una de las principales razones por las que no se puede es por la evasión de impuestos.

Estos datos son suficientemente reveladores para el que G8, que se reunirá en Irlanda del Norte en junio de este año, no pueda poner más excusas para promover un cambio en el sistema financiero internacional.

Firma y exige al G8 que actúe.

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Cristina P. | May 7th, 2013

En los últimos años se ha hecho patente que tenemos un problema. La economía mundial se resiente y cada día más personas se hunden en la pobreza. Los gobiernos nos hablan de “apretar el cinturón” y con sus austeras políticas nos conducen a un futuro nada alentador.

Y aunque sigan hablando de recortes y ajustes, es cada día más evidente dónde deberían estar poniendo el foco para acabar con esta crisis: en la fiscalidad.

Las grandes, omnipresentes y poderosas multinacionales – tales como Google, Amazon, Starbucks o Apple – disponen de modernos y avanzados sistemas comerciales y financieros. Sin embargo, las normas internacionales de las que disponemos para gravar sus actividades económicas fueron escritas hace 80 años.

Estas multinacionales, con recursos muchas veces mayores que algunos países, en ocasiones se bañan en las lagunas legales para evitar pagar a los países los impuestos justos por las ganancias que obtienen.

Para ellas es sencillo: aunque afirman que su producción y sus ventas están localizadas en un país como por ejemplo España,  los beneficios que declaran dicen pertenecer a empresas hermanas que curiosamente están localizadas en países con una tasa impositiva muy baja.

Otras veces, directamente incurren en estrategias ilegales y difíciles de investigar para no pagar.
Las últimas revelaciones sobre empresas, políticos y famosos que se aprovechan de esta arquitectura financiera inmoral, ha hecho que los gobiernos tengan que hablar de reformas fiscales. Bien! Esto es un avance.

Sin embargo, es el momento de exigir algo más que palabras. Las viejas normas ya no nos sirven. Necesitamos una nueva normativa internacional, una Convención Internacional sobre Transparencia Fiscal que permita a todos los países obtener unos impuestos justos de las multinacionales que operan en sus territorios.

Los gobiernos deben obligar a las multinacionales a proporcionar información más detallada sobre sus actividades comerciales y financieras en todo el mundo. Solo esta información, compartida de manera internacional acabará con las lagunas fiscales existentes y pondrá fin a la evasión fiscal agresiva.

La Cumbre del G8 que se celebrará en Irlanda del Norte en junio de este años es un momento excelente para crear este nuevo acuerdo internacional que obligue a los paraísos fiscales a revelar tanto el dinero que tienen en sus cuentas como la procedencia del mismo.

Los paraísos fiscales y la evasión fiscal son una de las principales causas de la pobreza. Es hora de plantarles cara y formar parte de la solución.

InspirAction nos unimos a esta voz internacional que pide de una vez por todas el fin de los paraísos fiscales.

Firma esta petición y se parte de la solución.

Foto: nuestro agradecimiento a El Roto, por su gran viñeta ;) 
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Cristina P. | April 16th, 2013

Todos hemos jugado alguna vez al Monopoly: comprar, vender, especular, desahuciar… Era divertido, incluso gracioso, comprar una calle entera y hacer pagar a tu hermano mucho dinero solo por querer pasar.

En la vida real también se ha jugado siempre. Lo hemos llamado “acaparamiento de tierras”, “fiebre de la tierra” o incluso “neocolonialismo”. Pero ya no es tan gracioso. Ya no se paga con billetes de papel, se paga con violencia, hambre, desplazamientos forzosos y destrucción de la naturaleza.

Cuando en 2008 se dio la gran crisis alimentaria, muchos países como China, India, Libia o Corea del Sur decidieron entrar en el juego. Pensaron que siendo países emergentes y con poblaciones en aumento, comprar tierra podía ser un buen negocio. Así, ante una nueva crisis alimentaria podrían abastecer a su población o incluso exportar a buenos precios.

¿Pero de donde sacaron esas tierras? Según el Banco Mundial los países en los que más se interesaron por comprar fueron aquellos con políticas muy débiles para proteger a la población más pobre. No hace falta preguntarse por qué.

Tres cuartas partes de la población más pobre vive en zonas rurales y su vida, su alimentación y su supervivencia dependen de la poca tierra que cultivan. La mayoría no tienen títulos de propiedad, no tienen papeles que digan que esas tierras son suyas. Lo único que tienen es su cultura y sus tradiciones adquiridas con el paso de los años.

Para las grandes multinacionales y para los gobiernos de países ricos ha sido muy fácil convencer a países menos poderosos para que les vendieran esas tierras que “no pertenecían a nadie”. Esos “nadie” se han convertido en poblaciones “sin tierra”. Ser un sin tierra normalmente significa estar desnutrido, no tener casa, no tener forma de conseguir recursos… Simplemente no tener nada más.

Para acabar con este robo los gobiernos deben reconocer la titularidad de la tierra de las comunidades campesinas más pobres. Deben devolverles su tierra, su única fuente de sustento. Y deben controlar que las multinacionales u otros gobiernos, desarrollen sus proyectos respetando el medioambiente y los derechos de los trabajadores que contratan.

Para acabar con la pobreza, es esencial que desaparezca el acaparamiento de tierras, que los pequeños campesinos sin tierra recuperen lo que es suyo y que se reconozca la titularidad de la tierra de todas las comunidades, principalmente las más vulnerables.

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Isa | April 11th, 2013

En los últimos meses se viene desarrollando un intenso debate del que muchos no han oído hablar, a pesar de que afectará a las vidas de millones de personas en las próximas décadas. Por encargo de Naciones Unidas, un grupo de expertos está tratando de idear un nuevo plan para acabar con la pobreza, que vendrá a sustituir a los Objetivos de Desarrollo del Milenio acordados en el año 2000.

El plazo para la consecución de los ODM expira en 2015. Es decir, nos quedan menos de 1000 días para tener listo un nuevo marco de desarrollo que nos permita seguir trabajando de manera consensuada con unos objetivos comunes. Porque en realidad, éste ha sido el gran logro de los ODM: aunque el avance hacia su consecución deja claras lagunas, es indudable que el hecho de haber situado en la agenda política la lucha contra la pobreza, estableciendo objetivos y mediciones, ha supuesto un gran avance.

Pero lo cierto es que, a pesar de los cientos de consultas electrónicas, debates de expertos y reuniones a alto nivel que se vienen sucediendo desde hace meses, los ODM de momento no cuentan con un sustituto. Las organizaciones de la sociedad civil coincidimos en la necesidad de impulsar un nuevo marco global de desarrollo pensado desde abajo, desde los más vulnerables, porque es a ellos a quienes tiene que servir cualquier iniciativa en este sentido. Queremos también un plan ambicioso, que supere las deficiencias de los ODM y que ataque las verdaderas causas estructurales de la pobreza y no sólo sus síntomas.

¿Algunas prioridades? La protección del medioambiente, y la lucha contra el cambio climático deberán estar esta vez claramente incluidos, porque no estamos hablando de una opción, ni de algo extra. Estamos hablando del futuro de nuestro planeta tal y como lo conocemos. Ya no podemos mirar hacia otro lado cuando la amenaza es tan real. La desigualdad, por su parte, debería ser uno de los ejes centrales del debate. Pero ojo, no hablamos sólo de desigualdad en cuanto a los ingresos, sino también de desigualdad en cuanto a oportunidades, poder de decisión, desigualdad de género o de raza…

Y por supuesto, en tiempos de crisis… Habrá que hablar de dinero: ¿cómo vamos a financiar este nuevo marco de desarrollo? En InspirAction creemos que una fiscalidad justa puede ser la clave. Que no nos digan que no hay recursos para financiar del desarrollo, porque los hay. Lo que hace falta es que todos, incluidas grandes fortunas y multinacionales, paguen lo que deben. Porque aquí no estamos hablando de ayudar a los más pobres con lo que nos sobra: de lo que se trata es de enfrentar un sistema injusto que condena a millones de personas a la desigualdad y la pobreza. Las multinacionales consiguen dejar de pagar cada año más de 160.000 millones de dólares en impuestos en los países en los que operan. Un dinero que podría, que debería, emplearse en construir escuelas y hospitales, y en garantizar el bienestar de millones de personas que ahora no tienen una oportunidad.

Mientras lees estas líneas, querido lector, los grandes “expertos” mundiales se debanan los sesos tratando de encontrar una respuesta que esté a la altura. Confiamos en que esta vez, la respuesta sea la que necesitamos. Quedan menos de 1000 días. Esta vez, no nos pueden decepcionar.

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Cristina P. | March 14th, 2013

868 millones de personas pasan hambre. Esto significa que, cada día, una de cada ocho personas del planeta se acuesta sin nada de nada en el estómago. Además, si no cambiamos nada, hay suficientes indicios para pensar que esta escandalosa cifra va a seguir creciendo.

¿Y en InspirAction nos dedicamos a hablar de sistemas fiscales?

La respuesta es Sí.

La evasión fiscal uno de los factores que está privando a los gobiernos de la posibilidad de atender las necesidades más básicas de su población como por ejemplo: combatir el hambre.

Los gobiernos nunca podrán actuar ante una emergencia alimentaria, como las ocurridas en el Sahel, ni ante un desastre natural, como el ocurrido en Haití, si no tienen recursos para hacerlo. Y no tendrán recursos para hacerlo si la evasión fiscal y la corrupción siguen estando a la orden del día.

¿No te parece evidente? Pues además de esta evidencia hay otras.

El 70% de las personas más pobres del mundo son agricultores que necesitan de alguna forma mejorar su producción para salir adelante, para que ni ellos ni sus familias pasen hambre. Sin una justa recaudación de impuestos los gobierno no podrán proporcionar este apoyo y los campesinos (repito, el 70% de los más pobres del mundo) seguirán pasando hambre.

Además sin un sistema tributario no habrá servicios sanitarios, ni educación ni infraestructuras que permitan a la población desarrollarse, alimentarse y alimentar a sus familias. Seguirá habiendo hambre y pobreza.

Casi todo el mundo está de acuerdo en que los sistemas fiscales necesitan mejorar. El cómo hacerlo ya difiere en opiniones. Pero lo que está claro es que el dinero que se pierde a través de la evasión fiscal es mucho mayor que el dinero que se destina a acabar con el hambre.

Desde InspirAction pensamos que cambiando el sistema fiscal y haciéndolo más justo, podremos acabar con el hambre.

¿No crees que tiene más lógica que las empresas y los grandes capitales paguen lo que deben y pongamos fin a la evasión y la corrupción como medidas para acabar con el hambre?

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Cristina P. | January 25th, 2013

Este sistema ha generado una pareja que unida y mal gestionada solo puede dar lugar a un hijo maldito: el hambre.

Pero vamos a ser positivos: con una buena terapia las cosas pueden cambiar y podemos conseguir que haya suficiente comida para todos y para las futuras generaciones.

Empecemos la terapia con el Cambio climático: Cada día el clima se vuelve más extremo e impredecible lo que tiene un gran impacto en la forma de alimentarse de la población:

En África subsahariana las sequías acaban con los cultivos. Entre el 60 y el 80% de la población en África depende de la agricultura. Resultado: hambre.

En América del Sur las altas temperaturas, entre otras cosas, están derritiendo los glaciares. La falta de agua provoca conflictos internos, pérdidas de cultivos y hambre.

En Asia, se prevé un descenso del nivel de agua en las grandes cuencas fluviales lo que impedirá el riego de los cultivos creando hambre.

Resultado del test de personalidad del Cambio climático: los efectos del cambio climático – es decir, las condiciones climáticas extremas, el aumento del nivel del mar y el derretimiento de los glaciares – están afectando la producción de alimentos en muchas regiones del mundo.

Pero no podemos olvidarnos del otro lado de la pareja: la Comida. La forma en la que mayoritariamente se produce, consume y distribuye la comida está provocando mayores emisiones de gases de efecto invernadero.

Es decir, la forma en la que producimos, consumimos y distribuimos nuestra comida, está contribuyendo con el cambio climático a generar hambre.

Por ejemplo, en las últimas décadas se han talado numerosos bosques – que habrían ayudado a absorber carbono – para la ganadería y los cultivos comerciales.

Además el uso de fertilizantes basados ​​en nitrógeno de la agricultura industrial libera óxido nitroso, gas causante del efecto invernadero.

Es decir, el sistema actual de producción de alimentos afecta y se ve afectado por el cambio climático.

Cambio climático, comida y hambre

Pero ya dijimos que este mal matrimonio aún podía salvarse. ¿Cómo?

  • Si los gobiernos se comprometen a desarrollar políticas de reducción de gases de efecto invernadero mucho más ambiciosas.
  • Si desarrollamos métodos de agricultura mucho más respetuosas con el clima como agricultura ecológica.
  • Si invertimos más dinero para apoyar la adaptación de las personas que viven en países que ya están sufriendo el cambio climático.
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Cristina P. | October 31st, 2012

Vivimos sumergidos es una constante necesidad energética. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos nuestro modelo de vida nos ha hecho dependientes de la energía para sobrevivir. Pero las fuentes de energía que alimentan nuestro día a día, hace años que están destruyendo nuestro planeta y su impacto sobre el Cambio Climático ya está teniendo consecuencias devastadoras para los más pobres.

Afortunadamente existen alternativas. Pero sin dar más rodeos, y que quede bien claro, los biocombustibles (biodiesel y etanol), no lo son. Suele afirmarse que son la respuesta a la lucha contra el cambio climático pero la realidad es que están siendo una de las ideas menos maravillosas que se han tenido en los últimos tiempos.

Biocombustibles significa hambre. Habiendo más de 800 millones de personas que pasan hambre en el mundo, utilizar cultivos que podrían usarse para la alimentación para satisfacer nuestras necesidades energéticas, es vergonzoso.

Y peor aún, los biocombustibles están generando más hambre. Las tierras que muchas poblaciones estaban utilizando para sus cultivos de subsistencia, ahora pertenecen a grandes empresas que las usan para sus monocultivos destinados a los agrocombustibles. Estas poblaciones se han quedado sin su principal medio de subsistencia, ahora pasan hambre.

Biocombustibles, qué idea tan poco maravillosa

Los agrocombustibles han provocado la subida del precio de los alimentos. Los cultivos son limitados y pueden venderse como alimentación o como exportación para la energía. En nuestro sistema esta la decisión la determinará el precio. ¿Puede competir una pequeña familia de Ghana con una multinacional de la energía? La respuesta está clara, si el precio de los cultivos sube, hay hambre.

Pero no solo provocan hambre, que no es poco, si no que además los biocombustibles están provocando una mayor degradación medioambiental. Con la producción de cultivos para biocombustibles, los cultivos destinados a la alimentación se desplazan a bosques, pastos y otras zonas cuya existencia impedía la emisión de gases de efecto invernadero. Es decir, los biocombutibles pueden significar más contaminación, desertificación y cambio climático.

¿Y el agua? En muchos países en desarrollo donde hay una gran falta de agua, la producción de biocombustibles está aumentando la escasez y provocando una mayor contaminación del agua.

Esta claro que necesitamos reformular nuestro sistema energético hacia un sistema más limpio y respetuoso con el medioambiente. Y aunque estás son solo algunas de las consecuencias derivadas de la promoción de los agrocombustibles, es evidente que su uso no está siendo la solución.

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Cristina P. | October 17th, 2012

En Hyderabad, en el centro de India, se está celebrando ahora mismo la Undécima Cumbre de Biodiversidad de Naciones Unidas, la COP11.

Hasta hace muy poco no se ha tenido una conciencia clara de lo que implicaba la biodiversidad. Pero a medida que aprendemos más sobre biodiversidad, nos damos cuenta del daño que le estamos causando.

Puede parecer que la biodiversidad solo hace referencia a la cantidad y la variedad de animales y plantas que viven en nuestra tierra. Puede que haya mucha gente que piense que no importa si de las cien mil variedades de arroz que ha habido, llegue el día en el que solo quede una. Pero en realidad la biodiversidad sí importa. De la biodiversidad depende la vida: la vida de las plantas, la vida de los animales, nuestra vida.

Y ¿sabéis qué? Estamos acabando con ella.

El sistema en el que vivimos prioriza la rentabilidad económica a la sostenibilidad medioambiental y a la calidad de vida de la mayoría de las personas. La actividad humana en el modelo actual de desarrollo es la causa fundamental de la destrucción de la biodiversidad. El monopolio de los recursos naturales, el cambio climático, la mercantilización de la naturaleza, la desertificación… son efectos subyacentes del sistema en el que vivimos. Efectos todos ellos relacionados entre sí y que afectan directamente a la pérdida de biodiversidad.

El ser humano vive en continua relación la biodiversidad. Gracias a la biodiversidad tenemos comida variada, agua limpia, aire respirable, energía, medicinas… gracias a la biodiversidad podemos luchar contra la erosión del suelo, la desertificación, las inundaciones…

La pérdida de biodiversidad es ya una urgencia pero aún estamos a tiempo. Necesitamos que se establezcan políticas que tengan en cuenta la conservación de la biodiversidad como un eje transversal a todas nuestras acciones. Necesitamos detener y transformar aquellas actividades humanas que están destruyendo nuestra biodiversidad. Y necesitamos proteger los ecosistemas que aún no hemos degradado.

Pero sobre todo es fundamental que la sociedad entienda y tome conciencia de la importancia de la biodiversidad para nuestra supervivencia. Los más pobres, como siempre, ya están sufriendo las consecuencias de su perdida. Y este es la primera de las metas establecidas por Naciones Unidas para salvar la biodiversidad.

Conservar nuestra biodiversidad es necesario para acabar con la pobreza y construir una sociedad más justa y sostenible.

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