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Hilaria | April 13th, 2015

Este año, La Cumbre de las Américas, la reunión de jefes de Estado de todo el hemisferio occidental, ha atraído más la atención de los medios de comunicación que las anteriores, ya que por primera vez ha incluido a Cuba tras el deshielo de las relaciones con Estados Unidos. La política en las Américas ha cambiado drásticamente desde la primera Cumbre de hace 20 años. Hoy los estados se han vuelto más firmes con respecto a EE.UU, se ha incrementado la cooperación y el multilateralismo en el ámbito regional con grupos como ALBA, Mercosur, Unasur, CELAC y CARICOM, y se han establecido lazos económicos más fuertes con otros mercados, especialmente con China.

Bajo el título  “Prosperidad con Equidad: El Desafío de la Cooperación en las Américas” se ha discutido sobre salud, educación, seguridad, migración, medio ambiente, energía, gobernanza y participación ciudadana. Palabras como “paz”, “solidaridad” e “inclusión” se han repetido como mantras en los spots promocionales. El Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, y el Secretario de Estado del Vaticano, fueron invitados a la cumbre para tratar de evitar que el encuentro se centrara en enfrentamientos concretos entre determinados países como la reciente controversia entre EE.UU y Venezuela.

Hoy todos los periódicos del mundo hablan sobre la imagen histórica del presidente estadounidense, Barack Obama, y el líder cubano, Raúl Castro, que marca el fin de la guerra fría con un apretón de manos y una reunión de apenas una hora; las palabras del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, mostrando su disposición al diálogo con Barack Obama; y el discurso de Cristina Fernández, presidenta de Argentina, que alababa el régimen castrista, mostraba su solidaridad con Venezuela y criticaba a Estados Unidos por considerar a Venezuela una amenaza. Este año la cumbre de las Américas ha sido una representación de la nueva forma de hacer las cosas en la zona, pero ¿cuáles son las cuestiones urgentes que tienen que abordar los mandatarios americanos tras esta cumbre?

Lo primero de la lista es la lucha contra la desigualdad extrema que obstaculiza el desarrollo inclusivo en la región y que da cuenta de los niveles persistentes de pobreza y vulnerabilidad. A pesar del crecimiento económico sostenido, de acuerdo con la CEPAL, en 2014, la pobreza afectó al 28% de la población de América Latina y Caribe, es decir, a 167 millones de personas. Los beneficios del crecimiento no han llegado hasta los más pobres de forma eficiente. Los que han escapado de la pobreza en la última década se encuentran ahora en riesgo de caer de nuevo en ella ya que el crecimiento económico se ralentiza (Brasil sólo creció 0,1% el año pasado y el crecimiento medio en la región fue apenas un 2,2%). El Banco Mundial y la CEPAL han advertido a los gobiernos de la región que no deberían estar conformes con los niveles de pobreza, que bien podrían subir de nuevo.

La razón detrás de esto radica en el hecho de que la mayoría de los estados de América Latina y Caribe no aprovecharon la bonanza económica de los últimos diez años para construir instalaciones más fuertes de cara al futuro: la región todavía tiene un enorme sector “informal”, y la recaudación de impuestos es mínima y altamente regresiva, con altos niveles de evasión de impuestos e incentivos mal planteados. Esta situación es el reflejo de los presupuestos reducidos que muchos gobiernos tienen y que afectan a su capacidad para proporcionar servicios esenciales, financiar el gasto social, y diversificar su economía.

Aún más, incluso cuando el modelo que favorece la explotación de los recursos naturales (la extracción de petróleo, la minería, la agroindustria, los mega-proyectos, etc.) y de personas (generación de empleos en su mayoría mal pagados o informales) ha fracasado, sigue siendo el sistema dominante (también en países izquierdistas), mientras que modelos alternativos (como se han etiquetado a los de comunidades indígenas y de afro-descendientes que luchan por el derecho a la tierra en la que viven) son vistos como “pasos hacia atrás”. Esto demuestra que los negocios en América Latina y el Caribe siguen siendo, en general, “como de costumbre”, y sin embargo muchas veces la palabra “inclusión” es utilizada por los políticos para quedar bien.

Esta es la razón por la que los movimientos sociales (y entre ellos los liderados por nuestras contrapartes) tienen un papel que desempeñar ya que cuestionan lo que significa “desarrollo” y “crecimiento” en un contexto donde la pobreza y la vulnerabilidad todavía prevalecen.

Como ejemplo, nuestra contraparte Brasileña INESC reivindica una economía que funcione para el bien común y pide la inclusión formal de la sociedad civil en los mecanismos de toma de decisiones (desde el nivel local al internacional) como forma de asegurar que el desarrollo y el crecimiento son realmente incluyentes y hacen de los derechos económicos, sociales y culturales una realidad.

Además de la lucha contra las prácticas económicas injustas y la exclusión, nuestras contrapartes contribuyen en el campo de la seguridad, trabajando particularmente en temas de prevención de la violencia, igualdad y defensa de los derechos humanos, basándose en lo que se ha demostrado que funciona, en lugar de confiar en la tradicional “mano dura” o en enfoques militaristas, que hasta ahora han fracasado en toda América Latina y Caribe que continúa siendo una de las regiones más violentas del mundo.

Cuando llegue el día en el que los políticos y mandatarios de alto nivel, escuchen efectivamente a la sociedad civil y pongan en práctica propuestas alternativas basadas en claras evidencias de que realmente es lo que funciona, ese día habremos dado un paso hacia la inclusión real.

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Cesar Amaya | March 30th, 2009

Como el resto de su familia en la India, Narsamma Erakololla actualmente sobrevive a base de las ganancias de su pequeño negocio de cestas. Sus hijos se vieron forzados a abandonarla en busca de trabajo, cuando sus oportunidades fueron obliteradas por la modernización del sector agrícola. (foto: Christian Aid)

La cumbre del G-20 ha querido ser muestra de voluntad política de los más ricos que luchan por un mundo mejor y más igualitario con mejores oportunidades y por supuesto erradicar la pobreza, el hambre y la miseria de la faz de la tierra. Ahora bien, podemos ver que hasta el día de hoy las cosas no han cambiado demasiado, de hecho si echamos un vistazo nos daremos cuenta que la distancia entre los mas pobres y los mas ricos ha aumentado notablemente y a un ritmo cada vez mayor; sin embargo los compromisos siguen ahí sobre la mesa pero de todos es sabido que los esfuerzos que se han de hacer en aras de alcanzar esos objetivos obligan a replantearse muchas cosas en el contexto internacional y tener en cuenta la voz de los que no son escuchados.
Ahora que estamos sumidos en una profunda crisis financiera mundial cuyos verdaderos efectos no se han echo notar aún y las soluciones planteadas son paradigmáticas no se sabe que rumbo tomar y  no se sabe hacia dónde ir. Sin embargo ¿que esperanzas nos quedan?, “no hay peor ciego que el que no quiere ver” y que ante los ojos de cualquiera sea tan evidente la necesaria reestructuración del status quo internacional, aún así parece que se apuesta por continuar con lo mismo, los lideres del mundo no aceptan o no quieren aceptar que se equivocaron y tal vez se prefiera continuar con el error hasta el final. El echo es constatable en los resultados de la última reunión del G-20 en Washington en Noviembre del 2008, ¿es acaso la solución darle mas competencias al FMI y al BM ya que fueron unos de los garantes de esta crisis?, ¿hay alguna propuesta innovadora, que realmente plantee un cambio definitivo que marque otras directrices capaces de acabar con la pobreza y la dependencia que caracteriza nuestro tiempo?.
De cualquier forma entre esta oscuridad se atisba una pequeña puerta que antes no existía.  Parece que países del tercer mundo tendrán una oportunidad de ser escuchados y no solo de asistir a estos foros sin voz ni voto. Países como Brasil, México y Sudáfrica que hoy son potencias emergentes regionales de gran importancia exigen su lugar, que se los escuche y que sean tenidos en cuenta para que posiblemente la cumbre del G-20 se democratice verdaderamente y deje de ser una reunión de, y para la elite pues sus logros aun son difíciles de percibir. El debate sobre hacia donde debe ir la cumbre queda pues sobre la mesa al igual que queda claro que lo que hasta ahora no ha funcionado tampoco lo hará para la crisis. Debemos exigir un verdadero cambio.
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